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Guevarismo en Miami

Cortesía de Alejandro Armengol

Pensé que quienes iban a protestar del uso de la imagen del Che por la Mercedes-Benz eran los familiares del guerrillero asesinado en Bolivia, que la administran, o el gobierno cubano. Sin embargo, han sido los exiliados de Miami los que se sienten ofendidos.

En primer lugar, decir que Ernesto Guevara fue asesinado en Bolivia es constatar un hecho y no justificar una trayectoria. El Che fue una figura que adquirió una dimensión trágica con su muerte y última campaña, pero al mismo tiempo una mezcla funesta de fundamentalismo y frivolidad intelectual, que en vida terminó definiéndose por lo primero, pero tras su muerte se impuso lo segundo.

Entre un destino centroamericano y luego caribeño y la aventura de París, Guevara escogió una consagración política que le abriría las puertas, más que a la literatura, a los intelectuales, especialmente los europeos. Eso fue quizá uno de sus mayores deleites. Era un hombre estoico y disciplinado con su cuerpo, pero de una estrechez mental que no logró nunca superar cierta sensibilidad indiscutible, pero que a veces rozaba o caía en la sensiblería del perrito que hubo que sacrificar en la sierra, un cuento que, por otra parte, lo acercó siempre a lo peor de Cortázar. El jardín de los escritores argentinos que no se bifurcan. Agregar que no solo no dudaba en matar, sino que lo recomendaba, especificar que muchas de esas muertes resultaron asesinatos, es caer en un lugar común. En este sentido, vale la pena pagar la entrada por ese bodrio cinematográfico titulado The Lost City, para ver para ver esa representación de un Che Guevara asesino y cínico, como contrapartida a tanto guerrillero demodé que todavía el cine –y especialmente el cine norteamericano– nos intenta embuchar cada día.

Pero la anécdota, el capricho o la opinión pasan a un plano secundario ante el hecho de que, en la actualidad, el Che es menos un símbolo que un icono, al que si se venera y admira es de forma torcida, entre el pecho y la espalda, pero más como una prenda al uso. Un eterno aspirante a santo, cuyo relicario se reduce a una camiseta.

La idea de la Mercedes-Benz, de quitar la estrella de comandante de la Sierra y colocar el logo en esa boina que siempre aspiró a ser francesa resulta graciosa y saca a relucir la detestable socarronería del eterno guerrillero.Sin embargo, es lamentable que al final la farsa se haya convertido en la estrella del sainete y no el emblema del sainete. En Miami quieren al Che de guerrillero, casi cabe la herejía de que lo añoran.

Ese guevarismo de cierto sector del exilio en Miami podría tener su explicación en el hecho de que, hasta cierto punto, el Che es un producto de esta ciudad.

Esta ciudad fue una parada accidental y forzosa, mientras viajaba de regreso a Argentina para obtener el diploma de medicina. Una espera que se extendió más de lo previsto y las vueltas y más vueltas por una ciudad desconocida, donde se hablaba un idioma que no dominaba. Entonces el Che era un joven estudiante a la espera de su destino, que en 1952 acaba de realizar su primer viaje largo por Latinoamérica y por un desperfecto del avión en que viajaba se vio desviado momentáneamente y sin mucha importancia hacia una ciudad estadounidense, turística y ajena, a la que siempre recordará con hostilidad.

El propio Che dirá luego que fue una estancia “amarga y dura”, donde tiene visiones premonitorias: “Asaltaré barricadas y trincheras, teñiré en sangre mis armas”.Sin embargo, durante esta corta visita no le ocurrió nada que no fuera común a los trabajos y desventuras propios de cualquier visitante, que sin dinero se ve de pronto en un lugar extraño.

El testimonio de un compañero de Guevara en esta ciudad contradice este radicalismo temprano. Jaime “Jimmy” Roca, un argentino que se encontraba en esta ciudad terminando los estudios de arquitectura, ha contado que diariamente llevaba a comer al Che a un restaurante español, donde tenía crédito bajo la promesa de que pagaría la cuenta cuando lograra vender su automóvil, y que nunca hablaban de política. En realidad el Che “sobrevivió” en Miami con una dieta de cervezas y papas fritas gratuitas. Esta dualidad siempre presente en la vida de Guevara –convertir la banalidad cotidiana en fuente de terror– se ha visto eclipsada tras su muerte, a partir del momento en que la publicidad capitalista ha sido más poderosa que cualquier ideología. Sólo en Miami y en La Habana, donde la ideología se consume junto a la croqueta, es que el Che renace como guerrillero heroico o vulgar asesino. Fue ambas cosas, pero ahora es sobre todo recurso mercantil.

Admitir tal caída en la vulgaridad mercantil es inadmisible en ambos lados del estrecho de la Florida. Aquí, donde se ha amenazado con un boicot tanto al turrón de jijona como a las tortillas mexicanas, ni los autos de lujo se ven libres de ese peligro.

Los cubanazos del exilio histórico imponiendo con billetes su rechazo y lanzando la amenaza de no comprar más Mercedes; la firma pidiendo disculpas –los ejecutivos de las grandes corporaciones siempre resultan tan repugnantes como los comisarios políticos y la siempre presente declaración de la congresista Ileana Ros-Lehtinen. Lástima que lo que pudo haber sido un buen chiste contrarrevolucionario terminara en ridículo.

NOTA DE QPM.ORG:  Es incuestionable que dentro de las filas que lucharon y derrotaron al Presidente Fulgencio Batista y Zaldivar existían hombres y mujeres con sus diversas corrientes de pensamiento dentro del abanico político-ideológico –católicas, cristianas, nacionalistas, comunistas, anticomunistas, etc.) que conformaban la sociedad cubana  de aquel entonces, como el M-26-7, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) más tarde  el  Directorio Revolucionario 13 de Marzo (M-13-M), la Organización Autentica (OA) responsable del ataque al Palacio Presidencial, el II Frente del Escambray, el Partido Socialista Popular (PSP), entre otras.  Todas las cuales contribuyeron de una u otra forma al derrocamiento de esta tiranía que rompiera el orden constitucional de la Republica de Cuba acompañada de innumerables evidencias físicas de tortura y asesinatos de sus opositores. Los derrotados y sus descendientes marcharon del país rumbo la los Estados Unidos de Norteamérica asentándose principalmente en el Sur de la Florida, específicamente en Miami, donde   tienen, mantienen y sostienen el poder político, económico y social mientras sueñan con un triunfal retorno para “pasar la cuenta a los que le vencieron y  sus seguidores y recuperar sus propiedades confiscada o nacionalizadas”. Al principio el proceso revolucionario fue bien recibido, con el beneplácito de más del 85 por ciento de la población, a pesar de las acciones violentas ejecutadas por diferentes sectores del exilio, ex batistianos, y desertores provenientes de las propias filas de la revolución -anticomunistas y nacionalistas- que no aceptaban el rumbo político-ideológico por el que Castro conducía  y desviaba el proceso revolucionario inicial, haciendo innumerables esfuerzos por derrotarla, todos los cuales, finalmente han resultado estériles.

Es innegable de que Cuba necesita un CAMBIO y su pueblo una mejor calidad de vida como también lo es que en Miami, capital del Exilio Histórico o la Séptima Provincia de la isla, existe un poderoso grupo de poder político-económico y de influencia, principalmente dentro de los ex batistianos y sus descendientes, que aún no aceptan la derrota y mantienen un odio visceral e irreconciliable, con o sin razón,  contra sus vencedores  los que convertidos  en   mitómanos  patológicos “están construyendo la versión histórica de sus derrotas”  -Instituto de la Memoria Histórica, Centro de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, Museo de Playa Girón, etc. -demonizando a través de diferentes medios de comunicación social todo lo relacionado con el país  que no visitan desde hace más de cincuenta años. Añorando aún el poder ejecutar la “Operación 40” -diseñada por la CIA  de haber ganado en Bahía de Cochinos- consistente en el “ajusticiamientos extrajudiciales” de los comunistas y fidelistas connotados, cuyos nombres irían dentro de una Carpeta Roja, acompañadas por el encarcelamiento de sus principales colaboradores, en Carpeta Verde, y de iniciar procesos investigativos para los simpatizantes, contenidos en una Carpeta Azul (gran parte de la “Operación 40”  se encuentra  en  Internet).

 

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