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Espacio Laical: Impacto de la visita de Benedicto XVI: una visión preliminar

Cortesía de Editores de Espacio Laical.  Por ROBERTO VEIGA GONZÁLEZ y LENIER GONZÁLEZ. 

La visita del papa Benedicto XVI impacta sobre múltiples sectores nacionales, incluyendo su emigración. Su mensaje se dirige a la nación, es decir, a los cubanos de la Isla y de la Diáspora. Sin embargo, esta propuesta puede encontrar resistencia en determinados grupos de todos los sectores, pues algunos de estos fundamentan su quehacer nacional desde una perspectiva que reproduce lógicas de rechazo y hasta de aniquilamiento de quienes piensan diferente. Foto: Misa de su Santidad en La Plaza de la Revolución. Foto: OSSERVATORE ROMANO / AP FOTO

La visita del papa Benedicto XVI impacta sobre múltiples sectores nacionales, incluyendo su emigración. Su mensaje se dirige a la nación, es decir, a los cubanos de la Isla y de la Diáspora. Sin embargo, esta propuesta puede encontrar resistencia en determinados grupos de todos los sectores, pues algunos de estos fundamentan su quehacer nacional desde una perspectiva que reproduce lógicas de rechazo y hasta de aniquilamiento de quienes piensan diferente. Foto: Misa de su Santidad en La Plaza de la Revolución. Foto: OSSERVATORE ROMANO / AP FOTO

La recién concluida visita del papa Benedicto XVI a Cuba ha sido muy bien acogida por los católicos cubanos, por fieles de otras religiones, por personas que no profesan ninguna fe religiosa y por las autoridades cubanas. Es necesario destacar el esfuerzo del Estado en la Isla para conseguir el éxito de la visita, así como las muestras de respeto y afecto al Pontífice expresadas por el presidente Raúl Castro.

Resulta imposible proponerse entender las claves de la visita tratando de establecer una ruptura con las líneas estratégicas esbozadas por el papa Juan Pablo II en 1998. Esta última visita ratificó el proyecto dejado a la Iglesia cubana por su predecesor y, teniendo en cuenta las circunstancias actuales, reiteró cuánto nos queda por hacer para alcanzar un país mejor. En tal sentido, promovió los temas centrales en la agenda de la Iglesia : la verdad y la vida, el matrimonio y la familia, la libertad y la justicia, el diálogo y la inclusión social, el perdón y la reconciliación.

Sin embargo, el papa Benedicto XVI comprende que será difícil lograr los desafíos anteriores sin potenciar la ética, la espiritualidad y la virtud. Para el Pontífice estos son elementos indispensables en el empeño de lograr un acercamiento entre actores sociales diversos, abdicar del odio, desterrar la tentación de encerrarnos en nuestras verdades e imponerlas a los demás, así como asegurar un compromiso con nuestra realidad histórica concreta.

En este contexto, presenta al padre Félix Varela, uno de los más importantes fundadores de la nación, como el paradigma para asumir ese camino de transformación personal y social. La vida y el pensamiento de este sacerdote cubano sintetizan la esencia de una propuesta nacionalista para Cuba: donde habrá nación en la medida que desempeñemos el patriotismo, habrá patriotismo en la medida que ejerzamos la virtud, y habrá virtud en la medida que crezcamos en espiritualidad. Es por ello que Benedicto XVI asegura que resulta esencial la libertad religiosa.  

El Papa reconoce que en Cuba se han dado pasos para que las iglesias puedan llevar a cabo su misión de expresar pública y abiertamente su fe. Sin embargo, animó a las autoridades para reforzar lo alcanzado y avanzar hacia metas más ambiciosas. En este sentido propone una mayor presencia de las instituciones religiosas en todos los ámbitos, con un especial hincapié en el tema de la educación.

Los ejes temáticos esbozados constituyen, sin dudas, el núcleo teológico, pastoral y político de su propuesta a todos los cubanos. La misma resulta un desafío para la Iglesia en Cuba, pues le exige una metodología de relación y acompañamiento a una sociedad sumamente diversa. En esta van cobrando consistencia movimientos que defienden agendas relacionadas con temas religiosos, ambientales, raciales, migratorios, de orientación sexual, de género y políticos, además de otros que pudieran estar articulándose en la sociedad cubana, así como una cantidad significativa de cubanos sumidos en la inmediatez y la desesperanza. 

La visita del papa Benedicto XVI impacta sobre múltiples sectores nacionales, incluyendo su emigración. Su mensaje se dirige a la nación, es decir, a los cubanos de la Isla y de la Diáspora. Sin embargo, esta propuesta puede encontrar resistencia en determinados grupos de todos los sectores, pues algunos de estos fundamentan su quehacer nacional desde una perspectiva que reproduce lógicas de rechazo y hasta de aniquilamiento de quienes piensan diferente. En tal sentido, podemos encontrar emigrados que no quieren relacionarse con su patria y grupos políticos, de una y otra parte del espectro, que no aceptan el diálogo y el consenso como metodología para construir el país, y ven en la labor reconciliadora de la Iglesia un acto de apostasía. También podemos encontrar a otros actores situados en la sociedad civil que recelan de la influencia social del cristianismo. Este último asunto constituye también un desafío para el presidente Raúl Castro, pues un sector del PCC posee reticencias al despliegue de un pluralismo que sobrepase las coordenadas del marxismo-leninismo. 

No obstante, es un hecho factual que –como señalara el cardenal Jaime Ortega- se ha expresado las ansias de religiosidad del pueblo cubano. Por otro lado, también resulta evidente que la Iglesia Católica se ha colocado como una importante interlocutora nacional, se profundiza el ejercicio de los derechos humanos en el área de la libertad religiosa, se plantea la cuestión de la emigración como un tema central, y se reconoce la carencia de legitimidad de las políticas agresivas de las administraciones estadounidenses contra Cuba. En estos temas, al parecer, existe bastante coincidencia entre los anhelos de la Iglesia Católica y del Estado.

Quizás donde no se expresó mucha coincidencia fue en el tema de los derroteros inmediatos que debe seguir el país para concretar un modelo sociopolítico que garantice una más amplia participación de todo el espectro político nacional, acorde con los principios esbozados por el Papa y por el Episcopado cubano, en la figura de monseñor Dionisio García, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos. Pues el ministro de relaciones exteriores, Bruno Rodríguez, expresó durante la conferencia de prensa ofrecida antes de la llegada del Santo Padre que están actualizando el modelo cubano y por tanto abiertos a escuchar proposiciones amigas, pero el vicepresidente del gobierno, Marino Murillo, declaró, ya iniciada la visita, que no tendría lugar una actualización política, sino sólo económica. A pesar de esta divergencia existe un buen clima de diálogo que, de seguro, podría garantizar en un futuro la inclusión de este tema en la agenda de debate bilateral.

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