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Es “un mito”, el control de la extrema derecha cubana en los votos de Florida

Por Gerardo Arreola. Corresponsal Periódico La Jornada – Tomado de Progreso Semanal.com

QPM.ORG. Coincidimos con el politólogo cubano Rafael Hernández, en la foto, director de la revista Temas de Ciencias Sociales,  de que resultado de las recientes elecciones presidenciales mostraron que hay “un mito que no se sostiene: que la extrema derecha cubana controla los votos de Florida”. Aunque valga señalar que desde hace muchos años, en tiempo real, el exilio tradicional histórico de origen batistiano y sus descendientes directos, si bien no constituyen una masa critica para derrotar a los demócratas en elecciones presidenciales a nivel del Condado Miami-Dade si han llegado a controlar, y manipular mediante las Boletas Ausentes, las elecciones municipales, condales y  congresionales estatales y federales dentro del marco de sus circunscripciones, sobre todo manipulando, engañando y distorsionando la verdad entre las personas de la tercera edad aprovechándose que, con razón o sin ella, estos profesan un odio visceral y una insaciable sed de venganza contra Fidel Castro y su revolución los que les convierte en “un ganado electoral republicano”. Y lo que es tán, o más, importante esa misma derecha, ultraderecha y hoy partidarios del Tea Party del exilio tradicional histórico son los “dueños absolutos” de los principales medios de comunicación radial, televisivos  y de prensa plana, en idioma español en el Sur de la Florida por lo que constituyen el principal obstáculo, por razones electorales-económicas y sociales domesticas,  para la normalización de relaciones entre Cuba y EE.UU.
    

LA HABANA, 7 de noviembre. El gobierno de Cuba recibió con frialdad la reelección de Barack Obama, sin reacción inmediata, pero con esfuerzos para hacer visible el diferendo con Estados Unidos en la agenda del presidente demócrata.

Los medios informativos registraron hoy las elecciones sin comentarios, ni siquiera sobre las posibilidades de algún alivio del conflicto en el segundo mandato de Obama.

Pero en la academia, el politólogo Rafael Hernández, director de la revista Temas de ciencias sociales, opinó que el resultado mostró que hay “un mito que no se sostiene”: que la extrema derecha cubana controla los votos de Florida.[IMG]/ini/images/semana275/rafael.jpeg[/IMG]

Esa falsa percepción, dijo Hernández a La Jornada, “se repite del lado de allá y del lado de acá, porque tú enciendes la televisión cubana y parecería que los que controlan la luz verde y la luz roja en la política hacia Cuba en Washington son unos congresistas cubanos, cuando en realidad eso no tiene que ver con la voluntad política de la administración”.

Ahora Obama, que ya liberó los viajes de los cubanos, puede avanzar en esa línea, pero debe hacerlo en los primeros cien días, estimó Hernández.

“Cada vez que ha habido un cambio importante en la política hacia Cuba, por ejemplo en la época de Carter, ocurrió en los primeros cien días”, recordó.

En el temario de posible distensión, Hernández anotó la libertad de viaje para los estadunidenses y más facilidades para las ventas agrícolas, además de que al menos continúen los actuales niveles de cooperación en materia migratoria y de combate al narcotráfico.

“Sería interesante ver en qué medida la administración va a tener capacidad de responder a los cambios políticos” en la isla, que no se han reflejado en las posiciones de la Casa Blanca, agregó el investigador.

Marifeli Pérez-Stable, directora del Centro para Latinoamérica y el Caribe en la Universidad Internacional de la Florida, coincidió con Hernández en que la política de Obama hacia Cuba tendría que avanzar en la línea del primer mandato.

“Sin embargo, mientras Alan P. Gross siga preso, no habrá avance”, agregó, en alusión al estadunidense sentenciado aquí por delitos contra la seguridad del Estado. “Así y todo, tampoco habrá retroceso. El que los cubanos residentes en Estados Unidos puedan viajar a Cuba y enviarle remesas a sus familiares prácticamente sin restricciones no es poca cosa”.

Pérez-Stable tomó como previsible la relección de los congresistas anticastristas de Florida, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart. Pero llamó la atención sobre el triunfo en Miami del demócrata Joe García sobre el republicano de línea dura David Rivera.

García “ingresa a la Cámara (de Representantes) con una posición de apertura hacia un cambio de política hacia Cuba”, subrayó. “Esa es la noticia en Miami”.

Por su parte, en las últimas tres semanas el gobierno de La Habana mostró en forma tácita sus esfuerzos para colocar el diferendo en el horizonte de la nueva administración.

La recién aprobada ley migratoria surge de causas propias, pero pone en jaque a la política estadunidense de puertas abiertas a los originarios de la isla y sostiene que la posición de Washington “obliga” a mantener restricciones de viaje.

Además, la cancillería impugnó como ilegales los cursos y servicios de Internet que ofrece la Sección de Intereses estadunidense en La Habana a opositores locales, para mostrar así un efecto de la política de fomento a la disidencia cubana.

Pero quizá la señal más articulada fue el viaje a Moscú del coronel del Ministerio del Interior Álejandro Castro Espín, hijo del presidente Raúl Castro, para presentar su libro El imperio del terror, sobre la política exterior de Estados Unidos.

En su primera entrevista a un medio de prensa, en este caso Rusia Today, Castro Espín expresó que hay “voluntad” para un diálogo en el que los dos países puedan “resolver un diferendo histórico de 50 años”. Aunque hay quienes logran “enrarecer” el ambiente, ese “necesario diálogo… vendrá en algún momento entre las dos naciones”.

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