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Raúl Castro, de la sombra de su hermano al nuevo rostro de Cuba en el exterior

Por Rui Ferreira – Cortesía del Diario ELMUNDO.es

En menos de un año, Raúl Castro ha logrado darle una vuelta a la imagen exterior de Cuba con una reforma interna que está estremeciendo los cimientos del sistema y ha demostrado que se puede liberar de la poderosa sombra de su hermano.

En menos de un año, Raúl Castro ha logrado darle una vuelta a la imagen exterior de Cuba con una reforma interna que está estremeciendo los cimientos del sistema y ha demostrado que se puede liberar de la poderosa sombra de su hermano.

Raúl no sólo ha asumido el protagonismo en las conversaciones de paz entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Gobierno colombiano, como logrado ser aceptado como líder de la CELAC, un organismo regional creado para rivalizar con la Organización de Estados Americanos (OEA), por más de 60 años bajo la batuta de Estados Unidos.

Además, ha conseguido que Europa prácticamente haya acabado con la política común donde el respeto por los derechos humanos condicionaba toda relación con la isla, y ahora se sabe que Estados Unidos estudia sacar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo.

Sin nunca asumirlo abiertamente Raúl Castro ha roto con el pasado. “Hay una diferencia muy grande entre Fidel Castro y su hermano. Raúl es el clásico burócrata en el sentido de Weber, que intenta lograr que el Gobierno funcione y trata de anticiparse a las crisis”, explica el analista cubanoamericano Alejandro Armengol.

En su opinión, Raúl Castro se apartó de la forma “personalista” con que Fidel Castro orientaba la política externa cubana. “Fidel creaba las crisis, las administraba, colocó el país en función del internacionalismo y de los conflictos en otros países. Eso se ha acabado. Raúl va ahora con las reglas del juego, mira el tablero como un todo”, afirma.

En un par de años, Raúl impulsó una reforma para hacer más viable el modelo económico cubano que implicó el despido de miles de funcionarios públicos y revivir la iniciativa privada, al tiempo que lanzó una campaña de regeneración de la sociedad diciendo que había queacabar con “los disparates” que se venían haciendo. Le dio a los cubanos la oportunidad de viajar por el mundo.

El exilio

Un cambio revolucionario facilitada también por la nueva realidad mundial y un cambio de gobierno en los países latinoamericanos, donde han ascendido políticos más propensos a acogerlo en su seno, sin importar su matiz autoritario. “El fin del comunismo no significa necesariamente el advenimiento de la democracia. Se ha visto eso en muchos países del Este europeo. Además, si el mundo confía en China, cómo no va a confiar en Cuba. Es una realidad que el mundo ha aceptado”, dice Armengol.

Y Washington, su eterno rival, no se ha mantenido indiferente a esta realidad, posiblemente porque la comunidad exiliada afincada en el sur de Florida también ha cambiado y es ahora mucho menos agresiva y más abierta hacia la isla.

“Los pasos que el presidente Barack Obama tomó en el primer mandato ayudaron a que Cuba impulsara los cambios. Los contactos de los exiliados con sus familiares fueron alentadores”, explica a ELMUNDO.es Tomás Bilbao, director general del ‘Cuba Study Group’.

En febrero del 2010, Obama levantó todas las restricciones de viajes a la isla impuestas por los republicanos. Desde entonces, casi medio millón de cubanoamericanos han viajado a Cuba, y en las últimas presidenciales el 49% de los exiliados lo apoyaron, recuerda Bilbao. En Washington ahora hay congresistas que demandan mirar con otros ojos hacia Cuba. Un paso importante, enfatiza Bilbao, sería acabar con la ‘Ley Helms-Burton’ que fortaleció en 1996 el embargo económico.

Pero todavía es difícil, porque la mayoría de los congresistas demócratas aún lo apoya y, de momento, aunque en el Departamento de Estado lo están estudiando todavía no hay una decisión para sacar a La Habana del listado de países patrocinadores de actividades terroristas, un anacronismo heredado de la Guerra Fría.

Una posibilidad

El jueves, el diario ‘Boston Globe’, desveló que varios congresistas estaban conversando sobre el asunto con el secretario de Estado John Kerry, pero horas después su portavoz tiró un cubo de agua fría sobre el asunto, diciendo que si bien el departamento revisa anualmente la situación en cada país “de momento” no hay planes para sacar a Cuba del listado.

Pero es una posibilidad. Después de todo, a Washington le es difícil mantener a Cuba en ese listado ahora que la guerrilla colombiana se encuentra en La Habana para conversar con el Gobierno colombiano. Lo advirtió a fines del año pasado Michael Shifter, presidente de ‘Diálogo Interamericano’. “Es una situación que debilita considerablemente el argumento de que hay que mantener a Cuba en el listado”, dijo al diario ‘The Miami Herald’.

Es así, como esta semana el senador demócrata Patrick Leahy desembarcó en La Habana, por segunda vez en un año, y fue claro: “Vengo a estudiar los cambios que se están haciendo aquí”.

Leahy también llevó en la cartera el asunto del contratista estadounidense Alan Gross pero las reformas económicas fue el asunto de su mayor interés. “Tuve una conversación muy interesante con el presidente Castro y voy a informar de ella al presidente Obama”, fue lo único que la prensa logró sacarle.

Si esto contribuye a abrir definitivamente las puertas entre los dos países está por verse. Pero indica la existencia de un interés en Washington al cual la nueva imagen de Cuba diseñada por Castro no es ajena.

Es que en el fondo, afianza Armengol, “hoy día nadie quiere el caos en Cuba. Ni Europa ni Estados Unidos. Esa es la realidad. Y Raúl se dio cuenta”. Washington se apresta así a clavar el último clavo en el ataúd de la Guerra Fría.

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