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Evacuación de Afganistán, eco de derrota de EEUU en Vietnam

 Por Finian Cunningham*

Las tropas evacuadas esta semana de Helmand, fueron la última parte de la fuerza de la OTAN liderada por Estados Unidos que ha ocupado Afganistán durante los últimos 13 años. Foto: soldados estadounidenses en la base militar británica de Camp Bastion, sur de Afganistán.

Las tropas evacuadas esta semana de Helmand, fueron la última parte de la fuerza de la OTAN liderada por Estados Unidos que ha ocupado Afganistán durante los últimos 13 años. Foto: soldados estadounidenses en la base militar británica de Camp Bastion, sur de Afganistán.

Aunque no desde el enfoque que tiene este artículo, existía esta semana una inconfundible y sutil comparación en los medios de comunicación, entre la evacuación de las tropas estadounidenses del sur de Afganistán y la Caída de Saigón, Vietnam del Sur, en 1975.

Ambos acontecimientos, marcan embarazosas retiradas de un imperio estadounidense en deterioro cuya arrogancia siempre se las arregla para negar la realidad hasta que se colapse la ilusión de su poder.

Esta semana, miles de soldados estadounidenses y británicas fueron transportados por el aire y a toda prisa de la gigantesca base militar de Camp Bastion, situada en el sur de la provincia de Helmand.

Fue una operación logística a gran escala con la participación de una flota de aviones de transporte y helicópteros aterrizando y despegando en un período de 24 horas.

La escena de la retirada apresurada de las fuerzas de EE.UU. de Helmand recuerda una de las fotografías clásicas tomadas en 1975, por el fotógrafo de United Press International, (UPI), Hubert Van Es, que demuestra la imagen de un helicóptero y cientos de estadounidenses en la azotea de la sede de la CIA en Saigón que esperan desesperadamente el permiso para subir a bordo de cara a la inminente derrota a mano de los vietnamitas.
Las tropas evacuadas esta semana de Helmand, fueron la última parte de la fuerza de la OTAN liderada por Estados Unidos que ha ocupado Afganistán durante los últimos 13 años. En su apogeo, había 140.000 soldados estadounidenses en el país, junto con soldados de cerca de 50 otras naciones.

Ahora, Camp Bastion ha sido entregado al Ejército y la Policía de Afganistán, que se harán cargo de la difícil tarea de mantener la seguridad en todo el país ante un posible resurgimiento mortal de los militantes talibanes.

Oficialmente, la fuerza internacional liderada por Estados Unidos iba a concluir su operación en Afganistán a finales de este año pero unos 10.000 militares estadounidenses y agentes de la CIA permanecerán en el país para brindar “apoyo” a las fuerzas de seguridad nacionales en virtud de un acuerdo firmado entre Washington y el nuevo presidente de Afganistán, Ashraf Ghani. Al igual que la Caída de Saigón en abril de 1975, en la que miles de efectivos estadounidenses se apresuraron a abandonar el país ante la victoria de los vietnamitas, la retirada de esta semana de Afganistán señala otra derrota humillante para los belicistas de Washington.

La retirada apresurada de las fuerzas de EE.UU. de Helmand recuerda una de las fotografías clásicas tomadas en 1975que muestra la imagen de un helicóptero y cientos de estadounidenses en la azotea de la sede de la CIA en Saigón que esperan desesperadamente el permiso para subir a bordo. Foto: Un grupo de norteamericanos intenta subir a uno de los helicópteros sobre la embajada de EEUU en Saigón, Viet Nam

La retirada apresurada de las fuerzas de EE.UU. de Helmand recuerda una de las fotografías clásicas tomadas en 1975que muestra la imagen de un helicóptero y cientos de estadounidenses en la azotea de la sede de la CIA en Saigón que esperan desesperadamente el permiso para subir a bordo. Foto: Un grupo de norteamericanos intenta subir a uno de los helicópteros sobre la embajada de EEUU en Saigón, Viet Nam

Y no es sólo una derrota humillante, sino también el fin de una larga y sangrienta crónica de una guerra inútil. Hace trece años, los estadounidenses invadieron a Afganistán supuestamente para derrocar al régimen fundamentalista de Taliban y erradicar una fuente internacional de terrorismo liderada por el jefe saudí de Al-Qaeda, Osama bin Laden.

Decenas de miles de muertos más tarde, además de miles de millones de dólares pagados del bolsillo de los ciudadanos estadounidenses, las tropas del país norteamericano están saliendo de un país que han dejado en ruinas. El Gobierno instalado por EE.UU. en el país apenas puede mantener la seguridad en la capital, Kabul, y es mejor no hablar de las otras regiones.

Lo que es más, la expansión internacional del terrorismo de la marca Al-Qaeda, ha causado el aumento de despliegue de fuerzas militares estadounidenses en el extranjero, y el crecimiento gradual del poder de las fuerzas de seguridad dentro de los EE.UU. y sus aliados de la OTAN.

En Afganistán, Talibán está resurgiendo y no sólo en sus bastiones del sur, sino también en gran parte del este, oeste y norte del país, donde antes tenía poca presencia. Las escuelas y otros centros de la administración cívica en estas áreas, están ahora dominados no por el Gobierno de Kabul, sino por los militantes.

Cultivar amapola para producción de heroína – la principal fuente financiera de los señores de guerra de los talibanes – con más de 200.000 hectáreas de cultivo, ha llegado a marcar un record histórico. Casi la mitad de la amapola afgana se cosecha en la provincia de Helmand, donde el presidente estadounidense de EE.UU., Barack Obama mandó 30.000 infantes de la vanagloriada marina estadounidense como fuerzas adicionales en 2009-2010.
A pesar de que Washington gastó 7.6 mil millones de dólares para frenar el cultivo de amapola, Afganistán se ha convertido en la mayor fuente mundial de heroína, mientras que la adicción a las drogas en los EE.UU. va en aumento.

En materia de seguridad, entre el marzo y el agosto de este año, cerca de 1000 soldados afganos y 2200 oficiales de Policía han perdido la vida en ataques terroristas. La cifra registrada representa la peor tasa de bajas para las fuerzas locales en los últimos 13 años.

Mientras las fuerzas extranjeras lideradas por Estados Unidos salen del país, una abominable sensación de inseguridad se apodera de Afganistán.
En todo caso, el pronóstico para Afganistán es mucho más grave de lo que era para Irak, donde las tropas de Estados Unidos hace tres años se batieron en una precipitada retirada similar.

En comparación, los insurgentes de Afganistán son mucho más activos y rabiosos aún cuando los norteamericanos se están retirando. Irak se ha hundido en el caos, por lo que el futuro de Afganistán se ve mucho peor.

La agencia de noticias Reuters, reflejó el punto de vista del sargento del estado mayor de la marina, Kenneth Oswood, quien participó no solo en la última operación de evacuación de Afganistán sino también en la retirada de Irak:“Es muy diferente esta vez. Al evacuar Irak, cuando llegamos ahí, nos dijeron que no había sido registrado ni un disparo efectuado por ira contra nosotros en años. Y luego venimos aquí y todavía están disparando contra nosotros”.

“Es casi como si la cosa no haya terminado aquí y nosotros sólo estamos entregando la responsabilidad de la lucha a otras personas”, ha añadido.
Bueno, más que la de lucha, están entregando la responsabilidad de morirse a otras personas.

A los estadounidenses “excepcionales” que están en Washington, les gusta referirse a sus intervenciones extranjeras como “construcción de la nación”.

Todos los pueblos en Vietnam, Irak y Afganistán y decenas de otros países desafortunados que han sido anfitriones de estos estadounidenses “constructores de la nación” durante el siglo pasado, han experimentado el invrso del efecto de Rey Midas que constituye la presencia de Washington. Lejos de convertirse en oro, todo lo que Washington toca muere y se destruye.

Y al final, cuando los destructores estadounidenses hacen sus maletas y salen corriendo, es el pueblo el que se queda para recoger los pedazos y comenzar el proceso real de desarrollo nacional. Cuánto más fácil resultaría todo si Washington mantuviera sus imperialistas y depredadoras garras lejos de los demás.

Finian Cunningham, ha escrito extensamente sobre asuntos internacionales, con artículos publicados en varios idiomas. Durante casi 20 años, trabajó como editor y escritor en los principales medios de comunicación, entre ellos The Mirror, Irish Times e Independent. El autor fue expulsado de Baréin en junio de 2011 a causa de sus artículos críticos en los que destacó violaciones sistemáticas de los derechos humanos por parte de las fuerzas del régimen bareiní. Es columnista de política internacional para PressTV y la Fundación Cultura Estratégica.

 

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