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ELECCIONES 2016: ¿Adivinen quién es más socialista?

Por Timothy Egan       –     Cortesía de The New York Times

 “Me encanta Dinamarca”, Pero “No somos Dinamarca”. No, de ninguna manera. Dinamarca tiene una carga impositiva sobre sus ciudadanos ligeramente mayor que Estados Unidos. Pero también tiene excedente presupuestal, seguro médico universal, jornadas de trabajo más cortas y recientemente fue calificado por la revista Forbes como el mejor país del mundo para hacer negocios” dijo Hillary Clinton durante el debate. Podemos agradecerle al senador Bernie Sanders, autoproclamado socialista democrático, por este saludable debate. Donald Trump lo llamó “comunista”. En su mejor aspecto, el socialismo puede organizar ejércitos, manejar un sistema de seguro médico y proporcionar educación de calidad a quienes de otro modo no podrían pagársela. Las bibliotecas y los departamentos de bomberos son instituciones socialistas. Lo mismo es el sistema de carreteras interestatales creado durante la presidencia de Dwight Eisenhower. Igualmente lo es la empresa cultural más popular del país, la Liga Nacional de Fútbol, que reparte los millones de dólares generados por la venta de los derechos de trasmisión entre equipos ganadores y perdedores por igual. En su peor aspecto, el socialismo es sombrío y sofocante, un callejón sin salida para la creatividad. Foto: Bernie Sanders y Hillary Clinton. Foto: Bernie Sanders y Hillary Clinton. Cortesía de ReadleGetty Images
“Me encanta Dinamarca”, Pero “No somos Dinamarca”. No, de ninguna manera. Dinamarca tiene una carga impositiva sobre sus ciudadanos ligeramente mayor que Estados Unidos. Pero también tiene excedente presupuestal, seguro médico universal, jornadas de trabajo más cortas y recientemente fue calificado por la revista Forbes como el mejor país del mundo para hacer negocios” dijo Hillary Clinton durante el debate. Podemos agradecerle al senador Bernie Sanders, autoproclamado socialista democrático, por este saludable debate. Donald Trump lo llamó “comunista”. En su mejor aspecto, el socialismo puede organizar ejércitos, manejar un sistema de seguro médico y proporcionar educación de calidad a quienes de otro modo no podrían pagársela. Las bibliotecas y los departamentos de bomberos son instituciones socialistas. Lo mismo es el sistema de carreteras interestatales creado durante la presidencia de Dwight Eisenhower. Igualmente lo es la empresa cultural más popular del país, la Liga Nacional de Fútbol, que reparte los millones de dólares generados por la venta de los derechos de trasmisión entre equipos ganadores y perdedores por igual. En su peor aspecto, el socialismo es sombrío y sofocante, un callejón sin salida para la creatividad. Foto: Bernie Sanders y Hillary Clinton. Foto: Bernie Sanders y Hillary Clinton. Cortesía de ReadleGetty Images

Los precandidatos presidenciales, el senador Bernie Sanders (independiente por Vermont) y Hillary Clinton, en el debate patrocinado por CNN y Facebook, el 13 de octubre, en Wynn Las Vegas.

Uno de los beneficios secundarios de un debate político nacional bien mirado es que nos expone a cosas oscuras y olvidadas, como Dinamarca. ¿Quién no ama un país que nos ha dado platos como frikadeller y rugbrod, junto con permisos de maternidad y seguro médico universal?

“Me encanta Dinamarca”, dijo Hillary Clinton durante el debate del martes 13, como forma de decir que una nación casi socialista de 5.7 millones de habitantes básicamente blancos no es el mejor lugar para buscar soluciones a los problemas de una democracia multiétnica de 322 millones de habitantes.

Pero, de hecho, Estados Unidos podría estar más cerca de Dinamarca de lo que muchos piensan. En el estado más demócrata de los estados demócratas –digamos, Idaho– podemos encontrar el tipo de socialismo que haría que los daneses se sintieran en casa bebiendo su aquavit, debido a las empresas de electricidad de propiedad pública y a la presa federal que surte de agua a los agricultores.

‘Socialismo’ como palabra es veneno en este país, excepto entre los muy jóvenes, en gran medida debido a que está asociada con los fallidos estados soviéticos autoritarios

Pero una vez que decimos que algo es socialista, lo que nos evoca son esos hoscos soviéticos paseándose con sus oscuras ropas de trabajo por la pasarela de modas de primavera. O, aquí en Estados Unidos, esos insufribles marxistas de salón que pensaban que la utopía empezaba nacionalizando hasta el último Starbucks. En ese sentido, lo peor del socialismo son los socialistas.

Pero sin esa etiqueta, una economía híbrida en la que se proporciona seguro médico, educación y pensiones para los ancianos, codo con codo con un capitalismo creativo, funciona bastante bien en los países nórdicos, en Gran Bretaña y en Canadá. Y la mayoría de los principios de lo que se considera socialismo democrático tienen apoyo mayoritario aquí en Estados Unidos.

Pero “socialismo” como palabra es veneno en este país, excepto entre los muy jóvenes, en gran medida debido a que está asociada con los fallidos estados soviéticos autoritarios. Una reciente encuesta de Gallup encontró que la mitad de los estadounidenses jamás votaría por un socialista. Hay más gente que se dice dispuesta a aceptar a un presidente ateo que a alguien marcado con la Ese Escarlata.

Así pues, “ellos” no nos gustan. Pero sí nos gustan muchas de sus ideas. Podemos agradecerle al senador Bernie Sanders, autoproclamado socialista democrático, por este saludable debate. Donald Trump lo llamó “comunista”. De ser así, podemos encontrar un amplio apoyo público para muchas de las cosas que predica este rojillo de Brooklyn.

Obama no es socialista. Un socialista hubiera nacionalizado a General Motors, en lugar de rescatarla para devolverla a la solvencia económica. Un socialista no hubiera sido presidente durante el tiempo en que el mercado accionario duplicó su valor sin haber establecido nuevos impuestos a los mayores beneficiarios de Wall Street. La mayoría de los estadounidenses piensa que “el dinero y la riqueza de este país deberían estar mejor distribuidos”, según una encuesta de CBS News y The New York Times.
Obama no es socialista. Un socialista hubiera nacionalizado a General Motors, en lugar de rescatarla para devolverla a la solvencia económica. Un socialista no hubiera sido presidente durante el tiempo en que el mercado accionario duplicó su valor sin haber establecido nuevos impuestos a los mayores beneficiarios de Wall Street. La mayoría de los estadounidenses piensa que “el dinero y la riqueza de este país deberían estar mejor distribuidos”, según una encuesta de CBS News y The New York Times.

La mayoría de los estadounidenses piensa que “el dinero y la riqueza de este país deberían estar mejor distribuidos”, según una encuesta de CBS News y The New York Times. Sanders quiere elevar el salario mínimo, al igual que 71 por ciento de los estadounidenses. Sanders piensa que las corporaciones tienen demasiada influencia en la política, tal como piensa el 74 por ciento de los estadounidenses. Y uno de los programas socialistas más grandes –el sistema de seguro médico Medicare, que es una cuerda de salvación para más de 50 millones de personas– es también uno de los más populares.

Casi una de cada cuatro personas en este país recibe la electricidad de una empresa cooperativa o propiedad de los consumidores; el socialismo en el corazón del país. Y cuando el presidente Barack Obama consideró privatizar una gran empresa pública y operadora de presas, la Autoridad del Valle del Tennessee, la propuesta fue recibida con protestas de algunos de los precintos más conservadores de Estados Unidos.

Obama no es socialista. Un socialista hubiera nacionalizado a General Motors, en lugar de rescatarla para devolverla a la solvencia económica. Un socialista no hubiera sido presidente durante el tiempo en que el mercado accionario duplicó su valor sin haber establecido nuevos impuestos a los mayores beneficiarios de Wall Street.

Si quieren ver a un verdadero socialista en acción, échenle un vistazo al multimillonario Donald Trump. Como constructor, él ha aplicado el recurso de dominio inminente –“robo sancionado por el estado”, en palabras de National Review Online– para quedarse con las propiedades ajenas. Ahí tienen a su comunista: él no tiene empacho en quitarles a los demás para beneficio del “bien común”.
Si quieren ver a un verdadero socialista en acción, échenle un vistazo al multimillonario Donald Trump. Como constructor, él ha aplicado el recurso de dominio inminente –“robo sancionado por el estado”, en palabras de National Review Online– para quedarse con las propiedades ajenas. Ahí tienen a su comunista: él no tiene empacho en quitarles a los demás para beneficio del “bien común”.

Si quieren ver a un verdadero socialista en acción, échenle un vistazo al multimillonario Donald Trump. Como constructor, él ha aplicado el recurso de dominio inminente –“robo sancionado por el estado”, en palabras de National Review Online– para quedarse con las propiedades ajenas. Ahí tienen a su comunista: él no tiene empacho en quitarles a los demás para beneficio del “bien común”.

El capitalismo en su mejor aspecto nos da el iPhone y 400 variedades de helado; recompensa el espíritu de empresa y la innovación. No es poca la magia que hay en el libre mercado. En la peor de sus facetas, el capitalismo produce compañías farmacéuticas que venden medicamentos que cuestan un ojo de la cara, compañías aseguradoras que abandonan a sus clientes en cuanto caen enfermos y un sistema fiscal en el que las secretarias pagan un porcentaje de sus ingresos mayor que los multimillonarios que no hacen nada.

En su mejor aspecto, el socialismo puede organizar ejércitos, manejar un sistema de seguro médico y proporcionar educación de calidad a quienes de otro modo no podrían pagársela. Las bibliotecas y los departamentos de bomberos son instituciones socialistas. Lo mismo es el sistema de carreteras interestatales creado durante la presidencia de Dwight Eisenhower. Igualmente lo es la empresa cultural más popular del país, la Liga Nacional de Fútbol, que reparte los millones de dólares generados por la venta de los derechos de trasmisión entre equipos ganadores y perdedores por igual. En su peor aspecto, el socialismo es sombrío y sofocante, un callejón sin salida para la creatividad.

En su mejor aspecto, el socialismo puede organizar ejércitos, manejar un sistema de seguro médico y proporcionar educación de calidad a quienes de otro modo no podrían pagársela

La clave está en encontrar el equilibrio, como dijo Hillary Clinton en el debate del martes. “Nuestro trabajo es frenar los excesos del capitalismo para que no corra desbocado”, indicó. En ese sentimiento se pudieron escuchar los ecos históricos de dos grandes presidentes progresistas, Teddy Roosevelt y su primo Franklin, los cuales trataron de salvar al capitalismo de sí mismo.

Ella también dijo: “No somos Dinamarca”. No, de ninguna manera. Dinamarca tiene una carga impositiva sobre sus ciudadanos ligeramente mayor que Estados Unidos. Pero también tiene excedente presupuestal, seguro médico universal, jornadas de trabajo más cortas y recientemente fue calificado por la revista Forbes como el mejor país del mundo para hacer negocios.

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