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VENEZUELA: LA POLÍTICA DIFICIL

Por Jorge Gómez Barata      —      Cortesía de RADIOMIAMI

CA360: No admite dudas que, a mayor tiempo de permanencia al frente de la Gerencia Publica, también son mayores su pérdida de capital y desgaste político. Los pueblos se fatigan, y se cansan, no así sus gerentes públicos y líderes Partidistas que tratan por todos medios de mantenerse en el poder. El castigo ciudadano —regularmente y cuando se les permite hacerlo— es votar por sus oponentes. Ello fue lo que ocurrió el pasado 6D en las elecciones de la República Bolivariana de Venezuela —con independencia de que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), demostró que no solo no era inmortal sino que olvido nuestra máxima —como Master en Estrategia Política— de que “para ganar una Campaña de Elección hay que conocer cómo piensa el oponente, atacar sus planes, perturbar sus alianzas y adelantarse a sus tácticas …”. Los Gerentes Públicos y los líderes partidistas, encabezados por el Presidente Nicolás Maduro, a pesar de que sobre ellos no existía ningún supra poder de naturaleza oculta (lobistas e intereses especiales) se descuidaron y confiaron en que su control del Poder Gerencial, su control mediático sobre gran parte de los medios de comunicación y el contar con suficientes fondos de campaña eran tan poderosos que desatendieron de desarrollar una Estrategia de Inteligencia Política de Campo (EIPC) —asi como los periodicos y mandatorios Estimados de Inteligencia Política de Campo (EIPC)— coherente a la situación que en tiempo real que vive el país: los resultados finales de las elecciones son la mejor respuesta. Tampoco tuvieron en cuenta que llegaron al poder por las urnas y no por las armas. Razón tiene Nicolás Maduro (en la foto), Presidente de la República Bolivariana, para sentirse abrumado. A continuación, recomendamos el excelente artículo analítico, breve y conciso, escrito por un amigo y excelente politólogo cubano que esperamos deba servir de enseñanza a sus amigos venezolanos

CA360: No admite dudas que, a mayor tiempo de permanencia al frente de la Gerencia Publica, también son mayores su pérdida de capital y desgaste político. Los pueblos se fatigan, y se cansan, no así sus gerentes públicos y líderes Partidistas que tratan por todos medios de mantenerse en el poder. El castigo ciudadano —regularmente y cuando se les permite hacerlo— es votar por sus oponentes. Ello fue lo que ocurrió el pasado 6D en las elecciones de la República Bolivariana de Venezuela —con independencia de que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), demostró que no solo no era inmortal sino que olvido nuestra máxima —como Master en Estrategia Política— de que “para ganar una Campaña de Elección hay que conocer cómo piensa el oponente, atacar sus planes, perturbar sus alianzas y adelantarse a sus tácticas …”. Los Gerentes Públicos y los líderes partidistas, encabezados por el Presidente Nicolás Maduro, a pesar de que sobre ellos no existía ningún supra poder de naturaleza oculta (lobistas e intereses especiales) se descuidaron y confiaron en que su control del Poder Gerencial, su control mediático sobre gran parte de los medios de comunicación y el contar con suficientes fondos de campaña eran tan poderosos que desatendieron de desarrollar una Estrategia de Inteligencia Política de Campo (EIPC) —asi como los periodicos y mandatorios Estimados de Inteligencia Política de Campo (EIPC)— coherente a la situación que en tiempo real que vive el país: los resultados finales de las elecciones son la mejor respuesta. Tampoco tuvieron en cuenta que llegaron al poder por las urnas y no por las armas. Razón tiene Nicolás Maduro (en la foto), Presidente de la República Bolivariana, para sentirse abrumado. A continuación, recomendamos el excelente artículo analítico, breve y conciso, escrito por un amigo y excelente politólogo cubano que esperamos deba servir de enseñanza a sus amigos venezolanos

CA360: No admite dudas que, a mayor tiempo de permanencia al frente de la Gerencia Publica, también son mayores su pérdida de capital y desgaste político. Los pueblos se fatigan, y se cansan, no así sus gerentes públicos y líderes Partidistas que tratan por todos medios de mantenerse en el poder. El castigo ciudadano —regularmente y cuando se les permite hacerlo— es votar por sus oponentes. Ello fue lo que ocurrió el pasado 6D en las elecciones de la República Bolivariana de Venezuela —con independencia de que el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), demostró que no solo no era inmortal sino que olvido nuestra máxima —como Master en Estrategia Política— de que “para ganar una Campaña de Elección hay que conocer cómo piensa el oponente, atacar sus planes, perturbar sus alianzas y adelantarse a sus tácticas …”. Los Gerentes Públicos y los líderes partidistas, encabezados por el Presidente Nicolás Maduro, a pesar de que sobre ellos no existía ningún supra poder de naturaleza oculta (lobistas e intereses especiales) se descuidaron y confiaron en que su control del Poder Gerencial, su control mediático sobre gran parte de los medios de comunicación y el contar con suficientes fondos de campaña eran tan poderosos que desatendieron de desarrollar una Estrategia de Inteligencia Política de Campo (EIPC) —asi como los periodicos y mandatorios Estimados de Inteligencia Política de Campo (EIPC)— coherente a la situación que en tiempo real que vive el país: los resultados finales de las elecciones son la mejor respuesta. Tampoco tuvieron en cuenta que llegaron al poder por las urnas y no por las armas. Razón tiene Nicolás Maduro (en la foto), Presidente de la República Bolivariana, para sentirse abrumado. A continuación, recomendamos el excelente artículo analítico, breve y conciso, escrito por un amigo y excelente politólogo cubano que esperamos deba servir de enseñanza a sus amigos venezolanos

Los grandes procesos políticos, en especial cuando proponen transformaciones trascendentales, no son rutas lineales, sino cursos accidentados y plagados de obstáculos, en los cuales los avances se alternan con retrocesos, y las victorias con tropiezos.

Lo más preocupante del revés no solo electoral del chavismo, es que si bien fue  producto de una abrumadora suma de acciones contrarrevolucionarias, agresiones externas, guerra económica y mediática, conspiración internacional, y crisis económicas, también presenta falencias derivadas de su diseño.

Según un punto de vista que parece predominar, con razón se achaca la derrota a la guerra económica, que generó escasez y dio lugar a un voto de castigo, pero no se observa una respuesta coherente, sino que se improvisan acciones de calle, que convocan a la militancia y recuerda el ejercicio de predicar a los conversos. No se percibe conciencia de la necesidad de practicar una política difícil, generadora de argumentos, ni la pertinencia de renovar el discurso y las tácticas, acorde con nuevas realidades.

Es probable que, al margen de la coyuntura adversa, existan problemas de naturaleza conceptual, asociados a la elección de ciertas alternativas teóricas y prácticas, y a la táctica y la estrategia. Entre ellos figura la desmesura del proyecto, que a partir de la idea legítima y atractiva de una “Revolución Bolivariana”, derivó hacia una noción de socialismo.

Avisado de las complejidades de ese enfoque, un inspirado Hugo Chávez, al formular el concepto “Socialismo del siglo XXI”, se distanció del llamado socialismo real de inspiración soviética. No obstante, le faltó tiempo para sustanciarlo, y el sólo enunciado no lo convirtió en categoría científica, ni en programa político.

Asumido como consigna, el Socialismo del Siglo XXI, una innovadora idea,  experimentó mutaciones recesivas, que dieron lugar a un enfoque basado en la idea de “construir el socialismo”, un cometido que el propio Fidel Castro ha declarado que nadie sabe qué es, ni cómo se hace.

El D6, aprovechando la oportunidad de un ejercicio electoral, la mayoría, incluida parte del activo chavista, castigó no solo el desempeño político y gubernamental, sino probablemente elementos de la estructura del proyecto. De hecho, es probable que algunos destacamentos de la izquierda latinoamericana estén cometiendo el error de asumir los triunfos electorales con revoluciones, y desde el poder se planteen objetivos que sobrepasan el mandato popular.

El D6, aprovechando la oportunidad de un ejercicio electoral, la mayoría, incluida parte del activo chavista, castigó no solo el desempeño político y gubernamental, sino probablemente elementos de la estructura del proyecto. De hecho, es probable que algunos destacamentos de la izquierda latinoamericana estén cometiendo el error de asumir los triunfos electorales con revoluciones, y desde el poder se planteen objetivos que sobrepasan el mandato popular.

El D6, aprovechando la oportunidad de un ejercicio electoral, la mayoría, incluida parte del activo chavista, castigó no solo el desempeño político y gubernamental, sino probablemente elementos de la estructura del proyecto. De hecho, es probable que algunos destacamentos de la izquierda latinoamericana estén cometiendo el error de asumir los triunfos electorales con revoluciones, y desde el poder se planteen objetivos que sobrepasan el mandato popular.

Al proponer metas como edificar nuevas sociedades, refundar países, o construir el socialismo, la izquierda convierte abstracciones teóricas en consignas políticas, que no son alcanzables en uno ni en varios períodos gubernamentales. Proponer lo que no puede ser cumplido, crea exceptivas que no pueden ser honradas, lo cual alimenta la decepción, y puede conducir a la desmovilización social.

Tal vez no solo la Revolución Bolivariana, sino la izquierda latinoamericana en su conjunto, deben repensar la dialéctica entre la vanguardia y el pueblo. No se trata de inculcar ideas y trazar metas avanzadas, sino resolver problemas concretos y  gobernar con el “oído pegado a la tierra” para escuchar a las masas, atender sus demandas, y responder de modo eficaz.

En Venezuela y en todas partes, la izquierda hace más que los gobiernos precedentes, pero menos de lo que promete. La desmesura y el maximalismo de algunas metas provocan que éxitos relevantes parezcan fracasos. Allá nos vemos.

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