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Problemas no resueltos en la transformación de la economía cubana.

Por Juan Triana .  Doctor en Ciencias Económicas, Profesor e Investigador Titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

Cortesía de Carta Desde Cuba   –    Fotos: Raquel Pérez

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. .. José Martí. “De eso se trata, de lograr una sociedad buena; pero para lograr una sociedad buena tenemos que ser una sociedad próspera; si no, no lo vamos a lograr”.. Juan Triana

“Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. .. José Martí. “De eso se trata, de lograr una sociedad buena; pero para lograr una sociedad buena tenemos que ser una sociedad próspera; si no, no lo vamos a lograr”.. Juan Triana

Acerca del tema del proceso de actualización, su evolución y su dinámica, quisiera subrayar que desde mi perspectiva este es un proceso de transformación que tiene en esta fase de actualización digamos que su etapa actual, porque en realidad la historia no comenzó en 2006. Comenzó mucho antes, en 1990. Definitivamente ha sido un proceso largo de transformaciones que ha acompañado una crisis de la cual nuestro país no ha salido. O sea, Cuba lleva más de 20 años en crisis, administrando una crisis –lo dijo Raúl en diciembre– y es algo que en algún momento tiene que terminar. Por eso los temas del desarrollo son tan relevantes a la hora de mirar a nuestro país actualmente y pensar en qué es lo que debemos hacer.

Evidentemente, como todo proceso, es un proceso vivo, complejo, que involucra a toda la sociedad y a todos sus sectores, y hay un tema que está permanentemente sobre la mesa: esa relación entre las ideas y la realidad, y qué pone los límites en esa relación. Es muy difícil en realidad, porque es un proceso constantemente innovador por las propias características que tiene, y por las características de nuestro país, por esa triple condición de ser un país subdesarrollado, pobre y bloqueado.

En cuanto a los problemas no resueltos, creo que hay un grupo importante. Uno es la relación entre la política económica de la actualización como la entendemos hoy y la economía política de la transición al socialismo. Ahí hay un grupo de asuntos de los cuales se puede estar hablando meses. Por ejemplo, el primero: cuáles son los rasgos que definirán al socialismo cubano, no los sabemos. Siempre he creído que nosotros nos aproximamos más al socialismo por la negación que por la afirmación. Ya sabemos que cosa no es el socialismo; o sea, sabemos qué no queremos que sea nuestro socialismo, pero no sabemos bien qué sí. Estamos en una –digamos– situación de incertidumbre en cuanto a qué es lo que queremos que sea de una manera total, no como un esbozo grande, sino ya como una fotografía con todos sus detalles; lo cual me parece, además, lógico por este mismo asunto de que es un proceso muy innovador y muy vivo.

El segundo asunto de este tema de las políticas económicas de la actualización y la economía política es qué entender por medios de producción fundamentales, que no debemos caer en la trampa de decir que el socialismo es la propiedad del Estado sobre los medios de producción fundamentales, sino que en algún momento tenemos que concretar eso y decir: los medios de producción fundamentales para el socialismo que queremos son estos, y estos no son fundamentales. Y por lo tanto, sobre esa base ya concreta, se pueden definir políticas y acciones concretas, valga la redundancia. Porque al final hay que definir políticas concretas: la economía se construye ladrillo a ladrillo.

Lo tercero: cómo ejercer de forma efectiva la propiedad social sobre los medios de producción que están en manos del Estado. ¿Qué va a solucionar ese problema?

Lo cuarto: ¿Cuáles son los límites entre lo social, lo estatal, lo colectivo y lo privado? ¿Dónde están, quién los pone? Durante mucho tiempo la prensa manejó la idea de que un dirigente de la revolución dijo que un 50% del empleo, un 40% de la producción, o algo así. ¿Es ese el límite? ¿Alguien lo sabe en realidad? ¿Es eso lo que nos conviene para el socialismo que queremos, cuando definamos qué cosa es el socialismo que queremos?

Esas son cosas de la Economía Política que no están resueltas hoy. Yo creo que en mucha razón no pueden estarlo, porque eso no está escrito. “Cómo hacer el socialismo cubano en 10 minutos” nadie lo ha escrito todavía.

El costo, los beneficios y los retos de la educación: El reto más grande hoy, que ya el acceso al conocimiento es un derecho, está, a mi juicio, en hacer que la ventaja competitiva de tener una población altamente instruida se convierta en realidad. Radica en convertir ese conocimiento en una fuerza productiva efectiva; en lograr que sus poseedores, que son todos los cubanos, puedan sacarle todo el provecho posible, primero para el bien común y luego para beneficio propio.

Un segundo aspecto que tiene que ver con los problemas no resueltos es el de la agenda de desarrollo. Voy a hacer algunas preguntas:

¿Es posible el socialismo sin el desarrollo? Durante mucho tiempo pensamos que sí; de hecho, los que tenemos alguna responsabilidad en la enseñanza de la Economía Política, durante mucho tiempo les explicamos a nuestros alumnos que sí, que era posible el socialismo en un país subdesarrollado. Después la vida demostró que parece que no es así. De hecho, lo países que han alcanzado el desarrollo en los últimos 25 años, lo han hecho desde el capitalismo, no desde el socialismo y, para colmo de males, aquellos que eran socialistas y de pronto “nacieron” al capitalismo se vieron más atrasados que muchos de los países que habían sido capitalistas durante mucho tiempo.

Por lo tanto, eso le plantea a nuestras ciencias y a nuestro esfuerzo una cota alta en términos de solución teórica.

La segunda: ¿Es posible desarrollarse sin crecer? También durante mucho tiempo en Cuba se esparció la idea de que era posible el desarrollo sin el crecimiento económico. Hoy parece que la vida ha demostrado –si somos marxistas y materialistas dialécticos– que no es posible alcanzar el desarrollo sin el crecimiento.

Los países que han sido exitosos (eso está documentado, hay pruebas de la realidad) en este esfuerzo de desarrollo han logrado tasas de crecimiento mayores casi siempre del 6% durante periodos de 20 o 25 años. Ahí hay un grupo de 18 países que lo han hecho y han pasado de un status de países muy pobres a países emergentes en desarrollo.

La tercera: ¿Qué hace falta para crecer? –Una pregunta importante en un país que crece a una tasa del 3%; o sea, estamos a la mitad de esa tasa deseada–. Hay un grupo de ideas sobre eso: hace falta ahorrar, hace falta inversión extranjera; pero hace falta también un grupo de condiciones macroeconómicas que garantizan que el crecimiento sea estable y sin esas no podemos crecer.Hoy Cuba tiene realmente grandes distorsiones macroeconómicas todavía no resueltas, de las cuales algunas no nacieron en el año 1990.

Siempre hablamos de la doble circulación monetaria, de la sobrevaluación de la tasa oficial de cambio oficial de Cuba; pero la sobrevaluación de la tasa oficial del peso cubano viene desde 1958, que era cuando Cuba tenía que haber devaluado su moneda y el Banco Central no quiso por un problema de déficit en su balance comercial. Desde entonces lo hemos arrastrado y realmente ha sido desde la fiscalidad desde donde se ha asumido una parte importante de los problemas monetarios; por lo tanto esa es una de ellas.

Esto influye además en otros problemas, como el de los precios relativos. Y evidentemente esos precios tienen que estar evidenciados por las condiciones internacionales, cosa que durante mucho tiempo nuestra economía evitó. Yo sé que todavía hoy hay muchos compañeros que aspiran a que el boniato se pueda vender de nuevo a 20 kilos y le echan la culpa a la oferta y la demanda. Quitémonos esa aspiración: nunca se volverá a vender el boniato en Cuba a 20 kilos a menos que nos estemos muriendo de hambre absolutamente todos; porque sencillamente los costos de producción del boniato han aumentado. Cuando el boniato se vendía a 20 kilos, los campesinos compraban el petróleo en la bolsa negra a 2 pesos el litro. Hoy tienen que pagar 10. Si el precio del petróleo se ha multiplicado por 10, nadie puede pretender que el precio del boniato no se multiplique por 5, por 6 o por 8. Por lo tanto, más allá de la oferta y la demanda, que a veces juegan algún papel, hay que entender que los costos de producción también juegan un papel. Habría que pretender poder comprar con un salario adecuado, pero no al revés.

En el tema del desarrollo, las condiciones macroeconómicas son fundamentales, porque si no, alteran las señales de la economía, se asignan recursos a aquello que no es eficiente y se desperdician recursos.

Algo más que debemos preguntarnos con relación al desarrollo es quiénes deben ser sus agentes. Durante mucho tiempo en Cuba, por la manera en que asumimos nuestra economía, fue el Estado el principal responsable como agente del desarrollo; pero ahora nuestra economía es mucho más diversa. En aquellos tiempos el Estado era el 90% de la economía; la propiedad estatal abarcaba prácticamente toda la economía, con excepción de algunas islas en la agricultura y en flete, la transportación por camiones.

Hoy no es así. Entonces si hoy hay una diversidad de formas productivas, y todas esas formas productivas deben ser o pueden ser agentes del desarrollo. La pregunta es cómo incorporarlas de manera proactiva a ese proceso de desarrollo, y eso no está resuelto; porque muchas veces nuestra propia cultura –esa que todavía tenemos que nos agarra desde atrás y nos hala hala hacia atrás– nos impide ver las oportunidades que esas diversas formas dan a nuestra economía. Y, de hecho, eso después se plasma en instituciones, regulaciones que existen y que muchas veces impiden que esas formas participen.

Lo más notorio, que tiene que ver con la regulación discrecional, es lo que divulgaron hace muy poco la prensa y la Gaceta Oficial ampliando la participación en las ventas de los hoteles a los campesinos privados. Nos demoramos dos años para aprender que los campesinos privados también podían venderle a los hoteles; pero ahora que lo ampliamos, les dijimos a los campesinos que podían vender huevos de gallina y de codorniz: de pato no. Por tanto, el que tenga una cría de patos cerca de un hotel, y las patas casualmente pongas huevos, no podrá venderle huevos de pato al hotel. Eso es discrecionalidad positiva, que es una de las cosas peores que puede pasar en la economía, que es cuando a uno le norman qué puede hacer y todo lo que no está normado que se puede hacer, está prohibido. Por lo tanto, les van pasando por delante a oportunidades de negocio una detrás otra. Eso pasó con el objeto social, que creo anda cerca su funeral. Le decíamos a la empresa hasta en la moneda en que tenía que comerciar, y si tenía un negocio fabuloso en otra moneda, no podía ser, y sencillamente lo perdía.

Nadie ha sacado la cuenta de cuánto cuesta eso. Jamás nadie ha sacado la cuenta de cuánto dinero el país tuvo que gastar en importaciones porque los campesinos privados no podían venderle a los hoteles. Son de las cosas que cuestan en el desarrollo.

Eso me lleva al tema de las instituciones y el desarrollo; o sea, evidentemente este es un proceso donde se actualizan muchas cosas, pero donde se crean muchas cosas nuevas. La economía hoy, nuestra sociedad es tan nueva, pero tan nueva, que hay muchas cosas que no se pueden actualizar porque no existen sino que hay que crearlas. Por ejemplo, la expansión de las relaciones de mercado lleva a instituciones para que el mercado funcione bien. Ahí no hay que actualizar nada: no existían.

En Cuba no hay un organismo que regule la competencia. ¿Por qué? Porque no aceptamos la competencia. Bueno, hay que aceptarla, porque hoy un cuentapropista, una cooperativa puede hacer lo mismo que una empresa estatal y mejor; pero si le doy el monopolio a la empresa estatal, entonces nunca el cuentapropista o la cooperativa podrán competir con ella, y entonces asignaremos recursos de manera errónea a una empresa estatal que los desperdicia, que los usa ineficientemente, porque no podemos contratar a un cuentapropista.

El ejemplo de las cooperativas no agropecuarias es especial. ¿Quién decide qué cooperativa se aprueba? El organismo de referencia, que es juez y es parte. Eso no funciona. Ha ido funcionando, pero no es así. Tenemos que ir aprendiendo en esos procesos, y estamos en los primeros pasos, imagino que después eso se abra, que sea mucho más fluido, que la gente por vocación propia se una para montar un negocio cooperativo, y no tenga que esperar porque lo apruebe el ministerio de cualquier cosa, porque si no el proceso se tarda mucho.

Otro aspecto: Evidentemente a nosotros nos hacen falta reglas para evitar la discrecionalidad positiva. Y evidentemente nos hace falta que funcione mejor un grupo de instituciones que ya existen y que sí hay que actualizar. Entre ellas, la planificación. Solo lo voy a enunciar, pero con el estilo de planificación que tiene Cuba hoy no es posible avanzar en lo que queremos. No es suficientemente dinámica, no es suficientemente flexible para manejar tantas formas de propiedad diferentes.

Con relación al desarrollo, lo que nos queda es definir qué país queremos. Yo creo que el presidente Raúl ha avanzado algo. Todos desfilamos el 1ro de Mayo bajo una consigna de lo más impresionante: Queremos un país socialista próspero y sostenible.

El asunto está en quién le pone el cascabel al gato. El tema de la prosperidad no es tan fácil. Es muy bonito decir que el socialismo está asociado a la prosperidad de las personas; pero en Cuba la varilla de la prosperidad está muy alta. Mientras que en Bolivia una familia se considera próspera si su hijo puede matricular en una escuela, en Cuba eso lo resolvió la Revolución hace 40 años. Mientas que en un país como El Salvador una familia se considera próspera si de los tres niños que nacen, uno o dos llegan a la edad de adultos, en Cuba prácticamente llegan todos. Eso lo resolvió la Revolución hace 30 años. Entonces cuando usted toma los índices de bienestar que usa Naciones Unidas, ya Cuba pasó esa varilla: estamos en el nivel alto, por lo tanto la varilla de la prosperidad en Cuba es muy alta y muy distinta a otros países, y mucho más compleja. Pero necesariamente tenemos que ser un país próspero.

 

Para mí, ser próspero es que el P12 (ómnibus) pase cada 3 minutos frente a mi casa, por ejemplo. Pero en Mayarí Arriba ser próspero es lograr que un camión serrano pueda sacarlo una vez al día hasta la carretera. Son dos tipos de prosperidad totalmente diferentes. Y en ese sentido es complejo y lo subrayo, porque la meta del desarrollo no es una meta simple: es una meta compleja.

Quiero terminar con una frase de José Martí. Dice: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre. Pero en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. De eso se trata, de lograr una sociedad buena; pero para lograr una sociedad buena tenemos que ser una sociedad próspera; si no, no lo vamos a lograr. De la miseria salen miserables y, de vez en cuando, algún virtuoso. Pero las revoluciones no se hicieron desde la miseria, no es la miseria lo que las provoca: las provoca la desigualdad. Los miserables, los que apenas tienen para comer, prácticamente no tienen tiempo para pensar en revoluciones. Por eso hace falta ser próspero, para además poder pensar en el futuro. Tenemos que pensar en el presente, en lo cotidiano, en las necesidades vitales, o no podemos proyectar el futuro.

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