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ANÁLISIS: Acercamiento Estratégico entre Israel y los países del Golfo.

Por Marta Esquiroz  Molina    

Fuente: GIASP (Grupo de Investigación y Análisis de la Seguridad y la Política)

Los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG)- a excepción de Arabia Saudí- intentaron en febrero de este año un acercamiento con la república islámica después de que Arabia Saudita y Bahrein cortaran las relaciones diplomáticas con Irán en enero de 2016, tras las manifestaciones que provocaron el incendio de la embajada saudita en Teherán. Mientras que Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos retiraron a sus enviados en una muestra de solidaridad con Riad, Omán sólo expresó su pesar por el ataque.

El objetivo de este acercamiento era “la cooperación con los Estados vecinos” siendo esta “una de las prioridades de Irán” y que todos deben “tener en cuenta el peligro de los enemigos comunes”, como el terrorismo yihadista, comentó Rouhani, según la Agencia de Noticias de la República Islámica (IRNA).

Sin embargo, meses después, el diario americano The Wall Street Journal publicó que los Países del Golfo estarían dispuestos a mejorar y revisar sus relaciones con Israel para relanzar el proceso de paz en una zona tan desbastada como Oriente Medio.

El principal escollo que se presenta a la hora de afianzar las relaciones de Israel con las monarquías petroleras es el enquistado conflicto israelí- palestino. Según el Wall Street Jorunal, las naciones del Golfo están dispuestas a establecer vínculos con Israel en sus redes de telecomunicaciones y permitir el sobrevuelo de aviones israelíes, así como el levantamiento de algunas restricciones comerciales. A cambio de ello, piden al Gobierno de Benjamín Netanyahu gestos de apertura hacia los palestinos, que podrían incluir el cese en la construcción de asentamientos israelíes en ciertas áreas de Cisjordania y liberar el comercio con la franja de Gaza.

El nuevo presidente Trump, declaró repetidamente que para él es “muy importante solucionar el conflicto”. Y su primer viaje internacional parece confirmar dicha voluntad. Esto podría suponer una nueva puerta de esperanza para su resolución. En la rueda de prensa que concedió el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu junto con Trump, este último le recordó la necesidad de hacer concesiones en aras del a paz, y le solicitó, en términos muy diplomáticos, que detenga la construcción de asentamientos. Además, y en contra de lo que se ha difundido, Trump no desechó la solución de dos Estados.

Donald Trump and the president of the Palestinian Authority, Mahmoud Abbas, on Tuesday in Bethlehem. THOMAS COEX (AFP)

El mismo Netanyahu planteó de manera diáfana sus dos exigencias: reconocimiento de Israel como estado judío y mantener la seguridad en la frontera con Jordania, ninguna de la cuales es, a priori, incompatible con un futuro Estado palestino. La cuestión de la capitalidad compartida entre ambos estados en Jerusalen, sigue siendo el problema más complejo de resolver.

El escenario regional creado desde la irrupción de la Primavera Árabe, la guerra civil en Siria, el expansionismo iraní en tierras árabes, la extensa cooperación en seguridad existente entre Israel y países de la región y la iniciativa de paz de la Liga Árabe, podrían estar creando una “tormenta perfecta” para conseguir un proceso de paz exitoso entre Israel y Palestina, el cual únicamente puede estar sustentado sobre la solución de dos Estados.

Esta voluntad israelí de mejorar la situación actual y de lograr la solución definitiva del conflicto la podemos ver reflejada en el fin de la huelga de hambre, tras 40 días y llevada a cabo por un millar de presos palestinos en cárceles israelíes, al llegar esta madrugada a un acuerdo con las autoridades israelíes sobre algunas condiciones que exigían.

Aunque también podría verse este acercamiento desde otra perspectiva: la del “enemigo común”. Los estados del Golfo comparten con el gobierno de Netanyahu su preocupación sobre Irán y el autodenominado Estado Islámico. Y este acercamiento ha permitido a Trump preparar una estrategia orientada a iniciar un proceso de paz, en el que el objetivo principal es alcanzar un statu quo de diálogo entre israelíes y palestinos.

Pero el real y principal problema de la región no sería tanto el conflicto entre palestinos e israelíes, sino más bien la creciente presencia de Irán. En repetidas ocasiones, Israel ha acusado al país persa de desestabilizar a los vecinos mediante el contrabando de armas y dinero. “Irán es el principal patrocinador del terrorismo mundial”, consideró el fundador del partido ultranacionalista Nuestra Casa Israel.

El reiterado apoyo que ha expresado Irán a Hamas (el último tras la elección del nuevo líder de Hamas, Ismail Haniya) y a Hezbollah (con el cual, junto a Rusia, instalaron un comando conjunto en apoyo al presidente sirio) y la posibilidad de que la república islámica disponga en un medio plazo de armamento nuclear, podría haber generado desazón en el estado judío, el cual se ha visto además atemorizado por el acercamiento entre las nuevas autoridades de Egipto y Hamas, pudiendo empeorar la situación en sus fronteras. Las encuestas muestran que hoy en día más del 50% de los egipcios se pronuncian por anular el tratado de paz con el país judío.

Por tanto, Israel habría aprovechado esta aproximación para la creación del frente anti Iraní. Un frente que estaría muy apoyado por el régimen saudí, el cual comenzó una guerra de palabras contra Irán, en el que ambas potencias se amenazaron mutuamente de su destrucción.

Por tanto, con la llegada de Trump, se empieza a ver cada vez más viable la solución del conflicto israelí-palestino. Pero esto, paradójicamente, ha supuesto un aumento de las tensiones entre las potencias de Oriente Medio, las cuales evitarían la guerra directa entre ambas naciones mediante una serie de conflictos indirectos en países como Siria, Irak o Yemen para debilitar al enemigo, dificultando mucho más la creación de un gobierno estable y, por consiguiente, la estabilidad regional.

En los años 70 y 80 del pasado siglo, Estados Unidos y la Unión Soviética, emplearon esta táctica de pelear en “el patio trasero”, usando como escenarios del conflicto general países como Zimbabue, Mozambique, Namibia o Angola (donde Cuba, pagado por Moscú, llegó a tener 30.000 soldados apoyando el régimen marxista de José Eduardo dos Santos). Los resultados son conocidos: miles de muertos, países inviables y un enorme coste para ambos contendientes, a cambio de prácticamente ninguna ventaja. A día de hoy, existe una alta probabilidad de que sea este el escenario que le depara a Oriente Medio. Mucho tienen que cambiar las tornas para que no se vuelva a repetir lo ya vivido hace 37 años.

 

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