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¿Es el Socialismo cubano sostenible?

 Por: Dr.C Juan Triana Cordoví*                  –                  Fuente:  cartasdesdecuba

“Considero conveniente enfatizar que no hemos renunciado al despliegue y desarrollo del trabajo por cuenta propia, ni a proseguir el experimento de las cooperativas no agropecuarias”… Raúl Castro Ruz, General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del IX Período Ordinario de Sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 14 de julio de 2017, “Año 59 de la Revolución”.

 

La buena noticia de esta semana que pasó es que en el primer semestre de 2017 se ha logrado detener el deterioro en la dinámica del PIB. El crecimiento de 1,1 por ciento es, sin duda, una buena noticia. No obstante, el ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, alertaba que el segundo semestre, tiene otras características; entre otras cosas, por la estacionalidad de nuestra economía. También resulta positivo saber que Cuba ha pagado compromisos por más de 2 306 millones dólares y ha firmado acuerdos de inversión por 1 346 millones de dólares.

Hace mucho más de un mes me preguntaron: ¿Cómo podría definir un socialismo cubano próspero y sostenible desde la economía? En especial atendiendo a que el presidente Raúl Castro ha afirmado que la economía es una asignatura pendiente.

Hoy se ha logrado en el primer semestre detener el deterioro del comportamiento del PIB, pero aún no se consigue detener el deterioro de la economía vista en su conjunto, entre otras razones por la permanencia de fallas estructurales de larga data y también por el surgimiento de otras nuevas, las cuales contribuyen a que el camino de la prosperidad y de la sostenibilidad sigua siendo difícil y remontarlo depende cada vez más de nuestra capacidad para reinventarnos día a día.

A continuación reproduzco mi respuesta a aquella pregunta, recordando que tiene casi dos meses de formulada.

Hay una respuesta rápida, muy sintética: Mientras la economía sea “una asignatura pendiente” el socialismo no será sostenible.

Mientras nuestros niveles de productividad estén tan alejados de los niveles de la media internacional, nuestro socialismo no será sostenible. Mientras el ingreso que perciben nuestros trabajadores esté tan alejado de los que perciben sus pares de otros países, el socialismo no será sostenible. Mientras nuestra ciencia, la innovación y el desarrollo no se integren de forma “natural” a los procesos productivos y de servicios, el socialismo no será sostenible. Mientras la equidad no se base en el aporte individual y la contribución social de cada cual, el socialismo no será sostenible. Mientras cada ciudadano no perciba o sienta que puede alcanzar sus expectativas de prosperidad con y a partir de su trabajo, el socialismo no será sostenible.

Una respuesta un poco más larga puede incluir lo siguiente:

  1. El socialismo que queremos debe ser ante todo inclusivo, por lo tanto, democrático en el sentido estricto del término. Sin ello no podremos ser prósperos y menos aún sostenibles.

  2. La prosperidad tiene dos dimensiones: una objetiva, tangible, que se puede expresar en conceptos e indicadores cuya mejor y más sintética expresión es hoy por hoy el Índice de Desarrollo Humano. Cuba califica entre los países de alto desarrollo humano con toda razón. Pero la prosperidad tiene otra dimensión, muy subjetiva, asociada a las expectativas de las personas sobre el futuro que desean.

Una buena parte de los cubanos no se sienten hoy prósperos y no porque sean “mal agradecidos” o porque no quieren reconocer los logros sociales de la Revolución, todo lo contrario. Son esos logros los que han producido mayores expectativas y son estas las que se perciben como no cumplidas o como que no se cumplirán. Las expectativas se hacen mayores en la misma medida en que mejora el estándar de vida de las personas. Que todos lo hijos de una familia cubana alcancen el grado 12 y alguno de ellos logren estudiar y recibirse de una carrera universitaria no es hoy un “síntoma de prosperidad” decisivo para una buena parte de la población cubana, sino que es percibido como algo “natural”.

Las expectativas crecen con el crecimiento individual de las personas y con el crecimiento colectivo de la sociedad y se hacen cada vez más sofisticadas. Ese es el gran reto de la prosperidad. Pero también la prosperidad tiene una dimensión territorial, la expectativas de prosperidad de un ciudadano común en Yateras son bien distintas a las de otro en Miramar. Incluso en la capital hay grandes diferencias en la percepción de la prosperidad entre los habitantes de un barrio y otro.

En los años 80 una percepción generalizada de alcanzar la prosperidad individual era alcanzar una carrera universitaria, llegar a ser funcionario público, tener un auto asignado (gasolina “ad libitum” incluida) lograr un apartamento de microbrigada y poder hacer al menos un viaje al extranjero (países socialistas) en algún momento del año. En los años 90 esa percepción cambió y otras expectativas surgieron, por ejemplo, trabajar en una firma, disponer de dólares o CUC, poder manejar un auto con chapa HK. En la actualidad una de las percepciones de la prosperidad incorpora tener un negocio propio, una casa “buena”, ingresos en CUC, familia con buena posición en algún país fuera de Cuba y poder viajar a “los países”. Claro que hay prósperos y más prósperos. Pero lo cierto es que hay todo un imaginario de prosperidades deseadas y también existe toda una investigación hecha por profesores e investigadores al respecto que sería muy bueno divulgar y debatir.

Lo paradójico es que todas esas percepciones dan por sentado que aquellas otras aspiraciones ya alcanzadas, salud y educación accesible y libre, cobertura total de estos servicios en el país, derecho constitucional al empleo, a las vacaciones pagadas, a ser propietario de una vivienda, etcétera, no desaparecerán, como si fueran el regalo de Dios y no el resultado de muchísimo sacrificio colectivo e individual. En muy pocas de esas visiones de prosperidad se acepta o se presupone que esos “servicios” desaparecerán o serán convertidos en servicios “no públicos”.

He puesto estos ejemplos solo para ilustrar cuánto de subjetivo y de condicionalidad tiene el concepto y lo difícil de alcanzar una definición sintética de este.

De todas formas, si tuviera que definir este asunto diría que una sociedad próspera es aquella que se ubica dentro del grupo de países de muy alto y /o alto nivel de desarrollo humano y donde sus miembros logran satisfacer al menos un por ciento elevado de sus expectativas de mejora y de sus aspiraciones de sus estándares de vida a partir de su trabajo y con su aporte a la sociedad. Y para aclarar el punto, trabajo no solo circunscrito a estar empleado en el sector estatal, trabajo y trabajar es también desarrollar negocios y proyectos fuera del sector estatal que sean funcionales a nuestros propósitos y contribuyan a generar empleo, a consolidar la capacidad productiva nacional y nos hagan menos dependiente económicamente de otros países, cualesquiera que sean estos.

  1. La sostenibilidad tiene muchas dimensiones: medioambiental, política, social, económica… Todas se relacionan y retroalimentan. Para ser sostenible en términos medioambientales creo que los más importante es que nuestro crecimiento y nuestro desarrollo se base cada vez más en recursos renovables y en una utilización cada vez más eficiente de nuestro capital humano.

Hoy existe el programa Vida del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente que puede ser una elemento decisivo en la búsqueda de la sostenibilidad ambiental. Pero no basta, se debe integrar la proyección industrial y agrícola futuras a ese concepto de sostenibilidad de forma decidida. El nuevo diseño de industrialización futura debe de ser pensado desde el concepto de economías de bajo carbono y de consumo responsable.

La sostenibilidad política está y estará asociada a la participación real y democrática en la dirección y conducción de la sociedad, a la consolidación y defensa de nuestra independencia y a la reducción en todo lo posible de la dependencia unilateral de un país, ya sea económica, política o militar. Creo que el último Trumpshow en Miami confirma lo anterior.

La inclusividad de las políticas –de todas– es decisiva en la sostenibilidad social. Se dice muy fácil pero lograr políticas inclusivas es quizás uno de los ejercicios más complejos que cualquier gobierno debe enfrentar y pocos logran resolver adecuadamente.

De la económica ya hemos hablado, pero si no alcanzamos a cambiar nuestra matriz productiva y de comercio exterior, a insertarnos de manera dinámica en el comercio mundial, a cambiar la matriz energética de forma radical, será muy difícil ser sostenible. ¿Por qué solo un 24 por ciento de energía renovable para 2030? ¿Acaso se va a acabar el sol o nos falta tierra para producir más caña y cogenerar en más de 19 fábricas de azúcar? ¿Por qué nuestra producción de calentadores solares de agua es tan baja? ¿Por qué hay tantos impedimentos para producir más alcohol y cambiar el parque de vehículos hacia otros combustibles? Internalizar los adelantos tecnológicos mundiales en el tiempo adecuado (Internet, internet, internet, pero no solo internet; también autos eléctricos, o que combinen diferentes fuentes) y crear y satisfacer las expectativas de mejora económica de nuestros ciudadanos, lo que implica también mejoras en la equidad, sin eso, no creo podamos ser sostenibles económicamente.

Carretilla en La Habana. Foto: Alejandro Ernesto / EFE.

Quisiera terminar reiterando algo que casi siempre digo. Desde la academia es relativamente fácil responder estas preguntas, lo que resulta difícil es generar estas políticas, aplicarlas y darles seguimiento.

Hoy Cuba enfrenta presiones fiscales no resueltas y que pueden incrementarse, restricciones de balanza de pago que hacen muy difícil los equilibrios externos, distorsiones cambiarias que penalizan a los exportadores y desincentivan a los inversionistas extranjeros, regulaciones extemporáneas que elevan los costos de transacción de cualquier operación, déficit significativo en infraestructura y otras más que dificultan esa tarea grande de cambiar todo lo que haya que cambiar. Hoy debe incorporarse otra vez con signo negativo la variable “política estadounidense hacia Cuba”, algo sobre lo cual poco podemos influenciar pero que hemos sabido resistir y salir airosos.

Transformar la realidad concreta es siempre mucho más difícil que imaginarse la transformación. No solo por el componente material de la transformación, sino por aquel otro, invisible, pero omnipresente asociado a las restricciones mentales, a las resistencias y a sus causas. Ese es quizás el mayor de todos los obstáculos que tenemos hoy para alcanzar la prosperidad.

*Doctor en Ciencias Económicas, Profesor e Investigador Titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

También recomendamos la lectura de:

Una propuesta de salida económica para Cuba

Por Joaquín Benavides Rodríguez       –       Fuente: cartasdesdecuba.com

Tomado de El Estado como tal

No estoy seguro de llamarlas así. Más bien son empresas pequeñas, medianas y grandes de propiedad del estado.

Ahora, como yo lo veo, antes de poderlas clasificar habría que resolver un problema: el de la tasa de cambio de las empresas estatales.

Si para la población y el sector privado, la tasa de cambio en CADECA es de 24-25 CUP x1 CUC, la de las empresas del estado debe ser la misma: 24-25×1. Hay que poner a los dos sectores en las mismas condiciones ante el mercado externo en divisas. En mi opinión no hay otra alternativa que permita comenzar a poner en su lugar a la economía cubana.

Esta decisión nos llevará: 1ro, a poder conocer el nivel real de inflación que tiene la economía. 2do: determinar cuáles empresas, por ser exportadoras, aportan utilidades reales en términos internacionales y 3ro. la situación del resto de las empresas, que por ser importadoras tendrán una situación financiera desfavorable. Las que tengan más dependencia de las importaciones, tendrán más dificultades; las que dependan menos de las importaciones y puedan abastecerse más con la producción nacional, tendrán menos dificultades.

El primer problema que aparecerá es el exceso de trabajadores en cada una de las empresas y las dificultades para pagar el salario a todos los ocupados en la plantilla. Por ahí es por donde hay que comenzar el trabajo de racionalización.

El objetivo es que las empresas que queden sean capaces de pagar sus salarios. Para ello tendrán que aplicar todos los mecanismos y fórmulas para incrementar la productividad. En la economía cubana, la productividad que dan las máquinas y la técnica moderna se “diluye” en el exceso de personal y la baja calificación. Además, hay que garantizarle a las máquinas y a los hombres la materia prima necesaria para que puedan producir con la capacidad diseñada. Hay que garantizar la materia prima para que las máquinas no dejen de producir ni un minuto por esa causa y a los obreros, en especial a los ingenieros y obreros especializados, un salario suficiente para que no les pase por la cabeza irse a trabajar a una empresa privada.

Con un millón de trabajadores sobrantes en las plantillas de las empresas, hay que crear las condiciones para que encuentren empleo en las PYMES. Y mientras tanto, subsidiar a los trabajadores sobrantes durante un tiempo, no mayor de un año, con el salario que han venido ganando. Teniendo aprobadas las PYMES, sin que sientan temores los inversores privados de que la política va a cambiar, en un período relativamente corto de tiempo pueden absorber el personal sobrante y comenzar a producir bienes y servicios.

Esta sería la condición necesaria para que la empresa propiedad del estado comience a renacer, pero no es suficiente.

Otras Condiciones:

Determinación de la capacidad real de producción en base a la tecnología con que cuenta.

  1. Determinar los costos materiales para cada producto, utilizando para los bienes importados los precios internacionales a la tasa de cambio oficial (25×1)

  2. Aplicación de nuevas tarifas salariales oficiales. Determinación de los costos salariales para cada producto.

  3. Determinar el tamaño de mercado

  4. Estado financiero estimado utilizando los precios oficiales y los costos laborales con las nuevas tarifas y los costos materiales con las importaciones a precios internacionales utilizando la tasa de cambio oficial.

  5. Determinar la utilidad y/o la pérdida de cada producto.

  6. Determinar el capital de trabajo necesario

  7. Determinar el financiamiento requerido.

La distorsión que se ha producido durante años, y sobre todo después del período especial, con la utilización de una tasa oficial de cambio para las empresas estatales de 1USD=1CUP no permite determinar a priori el tamaño económico de las empresas, su rentabilidad. etc. Si a ello se añade que los salarios se han mantenido prácticamente inmóviles durante casi 30 años, la dificultad es mayor.

Todas las actuales empresas estatales, serían consideradas empresas públicas cuyo propietario es el Estado cubano. A partir de ello sanear su contabilidad. Las pérdidas, de haberlas, tendrían que ser asumidas por una sola vez por el Presupuesto. Ningún Ministerio tendría facultades para intervenir en su funcionamiento.

La función principal de los Ministerios sería presentar al Gobierno la política de desarrollo de las ramas asignadas a los mismos y la evaluación periódica de la ejecución de la política y las inversiones relacionadas con la política aprobada. Ello facilitaría disminuir significativamente el número de Ministerios, así como la plantilla de los mismos, lo que permitiría que una buena cantidad del personal técnico y administrativo de experiencia pasase a trabajar en las grandes empresas que definen el desarrollo de las ramas fundamentales de la producción del país.

Las empresas tendrían autonomía para la administración corriente de las mismas. Los Directores de las empresas y sus Consejos de Administración responderían personalmente por las decisiones que adopten para el cumplimiento de los planes productivos, financieros y fiscales. Tendrían facultades para negociar y acordar con los bancos el financiamiento de sus operaciones corrientes, así como el de las inversiones que les hayan sido aprobadas por las instancias del Gobierno que correspondan. Importarían todo lo necesario para sus planes corrientes y para la ejecución de las inversiones que les hayan sido aprobadas. Responderían administrativa y penalmente por la legalidad de sus decisiones.

Al ser empresas públicas, el Órgano correspondiente del Estado, le aprobaría a cada empresa su capital de trabajo y el monto de las inversiones y el destino de ellas, cuyo financiamiento debe ser gestionado y negociado por ellas con la banca inversionista nacional y extranjera y aprobado por el Banco Central y el Ministerio de Economía. La obtención de los recursos financieros corrientes por encima del capital de trabajo aprobado, deben ser obtenidos por las empresas a través del crédito bancario y de organizaciones financieras autorizadas a operar en el país. La tasa de interés para el crédito corriente será aprobada por el Banco Central y se revisará una vez al año.

En resumen, una vez reestructuradas las empresas, valorar sus activos y convertirlos en acciones. El depositario de esas acciones seria el Consejo de Estado. Anualmente habría que actualizar el valor de las acciones.

En el caso del sector agropecuario, salvo las grandes empresas pecuarias, arroceras y forestales y alguna que otra que haya demostrado su eficiencia productiva y económica, transformarlas todas en verdaderas cooperativas. El resto de los pequeños agricultores que posean tierras de su propiedad o en usufructo, convertirlos en pequeños empresarios agrícolas. Todas tendrían facultades de negociar entre sí y con las empresas de los demás sectores, incluyendo las comerciales mayoristas. Habría un Banco de Fomento Agrícola con unidades bancarias en todos los municipios del país, donde todas las empresas y cooperativas abrirían cuentas y que se encargaría de financiarles mediante crédito las cosechas y además las inversiones vinculadas a las producciones a las que se dedican.

El sistema bancario tiene que desarrollarse. Una cosa es la sucursal bancaria que cobra impuestos, paga la seguridad social a jubilados y participa en la compra venta de viviendas y otra cosa es la banca comercial que atiende a las empresas, sean estatales o privadas, negocia los créditos corrientes con ellas y les controla el pago; que negocia garantías para importaciones y que le financia inversiones a mediano plazo, con la garantía de sus fondos propios. No se puede pensar en empresas estatales con autonomía, ni con empresas privadas que funcionen sin trampas, sin un sistema bancario que funcione como en cualquier parte. Los bancos son indispensables para que un sistema empresarial funcione eficientemente. Pero este es otro tema al que habría que dedicarle unas cuartillas. Aunque no soy bancario tengo alguna experiencia de cómo deben funcionar.

No soy enemigo de las OSDE, pero por supuesto no estoy de acuerdo con las que se han creado, que en la práctica son pequeños ministerios para dirigir las empresas. Un ejemplo de lo que no debería ocurrir es lo que ha sucedido con COPEXTEL. Esa es una gran empresa fundada desde finales de los 80. Pasó todo el periodo especial y creció. Cuando a su fundador y Director lo nombraron Ministro de Comunicaciones la empresa pasó a ese Ministerio, aunque conservó su autonomía. Ahora la han incluido en una OSDE. ¿Por qué no la han dejado como la empresa que era desde su fundación?

Sin embargo, para las empresas estatales medianas y pequeñas quizás harían falta OSDEs que actuaran sobre bases autofinanciadas a nombre del Estado como dueño.

En la década del 90, en respuesta al Período especial, el Ministerio del Transporte se racionalizó y de 750 trabajadores que tenía en el Organismo Central, quedó en 150 trabajadores. Todas las grandes empresas excepto el ferrocarril, se convirtieron en pequeñas y medianas empresas. El Gobierno autorizó que los ingresos que obtenía en divisas la flota fueran administrados por el Ministerio y que le entregara un aporte en esa moneda a la Salud Pública. El Ministro de Transporte decidió separar la administración de las empresas del Organismo Central y creó una entidad que se llamó CADE, para que se ocupara de aprobarles los planes a las empresas y controlar el cumplimiento de ellos. Designó al Viceministro de Economía para que en su nombre atendiera el sistema empresarial, sin que por ello tuviera facultades de intervenir en las decisiones de los directores de las empresas. El Presidente del Banco Nacional aprobó constituir una entidad financiera que se llamó TRANSFIN que se convirtió en la financiera en moneda extranjera de todo el sistema empresarial del MITRANS.

El CADE tenía en su plantilla 15 trabajadores y 12 en TRANSFIN. Con eso se le aprobaban los planes y se controlaba todo el sistema empresarial del Ministerio del Transporte y se presentaba a la JUCEPLAN de aquella época todos los planes consolidados. Además, el Ministerio de Transporte tenía a ACEMEX que todavía existe como una entidad extranjera de capital cubano que administraba una parte importante de la flota que se le transfirió al comienzo del periodo especial para burlar el bloqueo, que en buena medida se consiguió. En aquellos años, en medio del feroz bloqueo, con ACEMEX, se consiguió constituir una empresa mixta entre los Astilleros de la Habana y los de Curazao, construir la Terminal de Cruceros con participación de capital extranjero y crear el banco Netherland Caribbean con participación del 50% con Curazao, que nos facilitó obtener financiamientos para pequeñas inversiones y vías para burlar el bloqueo financiero.

En la misma época, el MINFAR creó el GAE, con funciones similares con respecto a sus empresas civiles agrícolas, industriales y del turismo. También con una financiera RAFIN, que todavía existe.

No tengo dudas de que es posible concebir y lograr un esquema de empresas estatales pequeñas, medianas y grandes, que actúen con autonomía comercial y financiera y donde organizaciones dependientes de la Dirección del Estado les aprueben las inversiones propias y con capital extranjero, así como les controlen el desempeño, sin que por ello puedan intervenir en las decisiones corrientes. No deben tener limitaciones para crecer ni para relacionarse con el comercio exterior, siempre que cuenten con el financiamiento requerido.

Saquen ustedes sus propias conclusiones.

*Joaquín Benavides Rodríguez ocupó, entre otras responsabilidades, el cargo de Ministro-Presidente del Comité Estatal de Trabajo y Seguridad Social de Cuba.

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