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Cuba 2019: los retos más importantes de la economía no son económicos

por Dr.C Juan Triana Cordoví

El 2019, como era de esperar, será muy tenso en el  orden económico y también será difícil en el orden político.

Temas de política e institucionales son definitorios en las oportunidades que tenga Cuba.

 El 2019, como era de esperar, será muy tenso en el  orden económico y también será difícil en el orden político. En lo económico, la meta de crecimiento anunciada, 1,5 por ciento tal como se reconoce, es mas que insuficiente para nuestras aspiraciones de desarrollo, porque además Cuba viene arrastrando tasas de crecimiento muy bajas desde hace ya casi un lustro y el promedio de crecimiento de los últimos cinco años apenas ronda el 2 por ciento como promedio anual.

Hay una especie de círculo vicioso que es necesario romper. Producir requiere recursos. Como la nuestra ha sido y es una economía muy poco complementaria, una parte decisiva de esos recursos proviene de la importación, para importar necesitamos exportar, pero como no exportamos lo suficiente no podemos importar lo necesario, y por lo tanto producimos poco y como producimos poco pues no podemos acumular lo suficiente y de esta forma la inversión nacional apenas alcanza y por ello los niveles de producción vuelven a ser bajos, al igual que los de exportación.

Así, el ciclo se repite una y otra vez como ha ocurrido en estos últimos años.  Es lo que en la jerga de los economistas se llamaría que el PIB y las exportaciones tienen una alta sensibilidad a las importaciones, algo que ha sido estudiado y demostrado por más de una tesis de doctorado. Sus causas son definitivamente estructurales.

La otra forma de solucionarlo sería a través de créditos, que habría que honrar puntualmente para poder seguir siendo un “sujeto de crédito confiable”.

Entonces, sin recursos, proveniente de la exportación y sin nuevos créditos, volvemos al punto inicial.

La inversión extranjera aparece como una de esas oportunidades de romper el ciclo. Hacer que los “capitales” lleguen al país es importantísimo, lograr que ese interés se convierta en buenos negocios depende en un por ciento muy elevado de las “reglas de juego” que le ponemos a esos capitalistas.

También es cierto que la inversión nacional, la que proviene del Estado puede ser  mejor empleada y mejor ejecutada, allí quedan, como ha afirmado el Ministro de Economía reservas importantes. Pero tampoco es menos cierto que esa otra parte de la inversión nacional que no depende del Estado, sino del sector no estatal puede complementar el esfuerzo desde el Estado. Hay estimaciones que sitúan el monto de capital de cubanos invertido en el extranjero  en mas de 300 millones de dólares. Sumar esos millones al esfuerzo nacional dentro de Cuba, aun cuando la cifra sea la mitad , puede ser también una ayuda significativa.

Crecer es la palabra de orden si queremos desarrollarnos, pero crecer es una gran y difícil tarea para el país por varias razones que no solo son económica sino de otra índole mas asociada también a temas institucionales a los cuales se refirió el Presidente Diaz-Canel en su discurso de clausura de la Asamblea Nacional.

Cuatro mensajes que deben destacarse

Está bastante bien demostrado que en términos de política económica uno de sus grandes males, de esos que destruyen proyectos y países, es la incoherencia entre las políticas, los propósitos que ellas persiguen y los instrumentos que se utilizan para poner en práctica esas políticas.

No es esta la primera vez que cosas así ocurren; pasó en los sesenta, ocurrió en los ochenta y en los noventa y lamentablemente en estos años transcurridos después de aprobados y actualizados los lineamientos y los documentos programáticos (conceptualización y bases del plan) vuelve a ocurrir ahora.

Algunos ejemplos: queremos fomentar la exportaciones pero la tasa de cambio sobrevaluada incentiva las importaciones y castiga al exportador; deseamos conservar nuestra fuerza de trabajo calificada pero hemos demorado por mas de veinte años una reforma salarial que incentive las profesiones de mayor calificación; necesitamos un sistema empresarial estatal fuerte, que juegue el rol decisivo, pero hemos regresado a estructuras organizativas piramidales donde las empresas estatales apenas tienen independencia suficiente para tomar las decisiones que necesitan; hemos reconocido la necesidad de formas no estatales pero en todas las “legislaciones” que se han elaborado al respecto prevalece la palabra “control” antes que la de promoción y apoyo; necesitamos de la inversión extranjera directa para poder crecer, pero existe una gran asimetría entre la labor de promoción y la de facilitación de los negocios.

Son algunos ejemplos de incoherencias que deberán ser eliminadas si deseamos crecer y desarrollarnos.

Necesitamos una actitud más proactiva, inteligente y concreta de los dirigentes impulsando —no trabando ni demorando— soluciones seguras y particulares a los problemas, con la búsqueda continua e intensa de respuestas ágiles y eficientes. (Miguel Díaz-Canel)

El miedo al cambio es, de alguna manera, entendible.

El cambio genera incertidumbre en el futuro, abandonar caminos trillados, desaprender, construir nuevos paradigmas que muchas veces cuestionan el statu quo. El cambio es riesgo, y contradictoriamente con nuestra historia, la cultura del riesgo no es una práctica establecida en los procesos de toma de decisión en Cuba, al menos en el orden empresarial.

Impulsar soluciones, incluso aquellas que puedan parecer seguras, implica un alto riesgo, en especial cuando esas decisiones introducen elementos “novedosos”, o cuando conducen a caminos poco trillados o cuando implican de alguna manera cuestionarse la “manera en que siempre se ha hecho” algo.

Es cierto que otras veces la falta de proactividad, la abundancia de trabas y demoras responde  una mezcla de ignorancia ilustrada, conservadurismo e intereses individuales, amor por el “puesto” y arribismo político que se viste de revolucionarismo para esconder su miedo al cambio.

Es hora de actuar sin dogmas y con realismo, atendiendo las prioridades, facilitando el real fortalecimiento de la empresa estatal y su encadenamiento productivo con la inversión extranjera, las empresas mixtas y el sector no estatal de la economía. (Miguel Díaz-Canel)

Si la economía nacional hoy no alcanza las tasas de crecimiento que deseamos es básicamente porque el sistema empresarial en el que descansa  no funciona como debe. En nuestro país un por ciento decisivo de la economía depende del sistema empresarial estatal.

La empresa estatal socialista es probablemente el ente económico que ha experimentado más procesos de cambio en todos estos años. Desde el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía, el llamado “perfeccionamiento empresarial” y por último las OSDEs, la búsqueda de un sistema que permita a esa empresa ser eficiente, productiva y competitiva no ha logrado su propósito. Ninguno de esos sistema logró que las empresas estatales tuvieran la autonomía y la independencia que necesitan para poder trabajar eficientemente. El último de esos esfuerzos, protagonizado en las OSDEs y la UEB tampoco lo ha logrado. Como por arte de magia, surgieron decenas de nuevos mini ministerios, que además parasitan a las empresas.

Fomentar relaciones de complementariedad  entre todos los agentes de la economía, requerirá también de otras “reglas de juego”, de combatir prejuicios establecidos desde hace mucho tiempo, de eliminar sospechas a priori y sobre todo de una legislación que haga mas transparente y segura esas relaciones.

Habría que decir que nuestro “ambiente de negocios” no propicia esa empresa estatal eficiente a la que se aspira. No es práctica fomentar la competencia entre las empresas estatales, más bien todo lo contrario y sin competencia será muy difícil que se pueda avanzar por la senda de la innovación y productividad.

Es imperativo impulsar la inversión extranjera y fomentar un ambiente de confianza y seguridad para los inversionistas.

El dinero va a donde hay dinero. Los flujos de inversión, tal cual indican las cifras del último reporte de inversión extranjera directa[1], viajan de los países ricos a los países ricos, de las países ricos a los países en desarrollo que son grandes mercados, van allí donde los retornos tienen mejores garantías.

Es menester ser más coherentes con la Conceptualización del Modelo Económico y Social y más sistemáticos y precisos en la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución.

Fuente: Foreign Direct Invetment in Latin America and Caribean, ECLAC, 2018.

Lo cierto es que Cuba, atendiendo al tamaño de su mercado, no es uno de esos destinos preferidos por los flujos de inversiones. No obstante ello, la labor de promoción que se ha desplegado consiguió que muchos inversionistas potenciales se interesen por el país.

¿Cuántas de esas intenciones se convierten en nuevas inversiones? ¿Cuántas no llegan a buen término? ¿Cuántos inversionistas con interés abandonan ante la falta de respuesta, la demora, las trabas burocráticas para acceder en un tiempo razonable al mercado cubano? ¿Cuántos días demora “firmar” un negocio en Cuba? ¿Cuántos demora en los países que son nuestros competidores en la región?

Fuente: Foreign Direct Invetment in Latin America and Caribean, ECLAC, 2018.

Fuente: Foreign Direct Invetment in Latin America and Caribean, ECLAC, 2018.

Existen estándares asociados a la facilitación de inversiones  de los cuales  a veces estamos muy lejos. Temas muy simples como alquilar una vivienda, comprar un auto, etcétera. Son asuntos elementales que los futuros inversionistas resuelven de forma muy fácil en los países de la región (República Dominicana, Panamá, Costa Rica) y que se convierten en Cuba en grandes trabas y multiplican las dificultades para retenerlos.

Hay otros que requieren de un  mayor esfuerzo institucional para cambiarlos, esos van desde  las normativas y procedimientos contenidos en los reglamentos para la inversión extranjera, que muchas veces hacen poco atractivo establecer un negocio en Cuba, hasta los recelos , sospechas y muchas veces falta de preparación adecuada para asumir una negociación.

Es cierto que se han revisado algunos procedimientos, es cierto también que se ha intentado hacer esos procedimientos mas digeribles, pero es cierto también que comparados con los competidores de Cuba  en al región, todavía están lejos de aquellos estándares.

Las trabas internas, las que dependen de la capacidad y habilidad para retener y convencer a los inversionistas para que inviertan en este “mercado” son decisivas.

No sería ocioso poner el proceso de la negociación nuevamente en el microscopio, identificar todos los cuellos de botella (que para nada se reducen al famoso estudio de factibilidad) y cambiar todos aquellos que los obstaculizan, que nos alejan sin necesidad de los estándares internacionales.

Aprovechar eficientemente los valiosos recursos humanos y la fuerza de trabajo calificada y científica que nos hemos dado con la gran obra educativa de la Revolución;  (Miguel Díaz-Canel)

Sin dudas el más importante de todos los recursos que tiene nuestro país hoy es el recurso humano. Habría que decir primero que todo que es un recurso finito para un período de tiempo determinado. Asistimos a una disminución significativa del mismo debido al envejecimiento de la población y a la emigración. Que “obtenerlo” demora entre 12 y 17 años, por lo que es una de las “inversiones” que más demora en recuperarse. Debemos también entender que con el avance de la Cuarta Revolución Tecnológica esos recursos calificados pueden descalificarse con cierta celeridad si el país no se incorpora a la velocidad adecuada a esa cauce.

Por último, es imprescindible crear puestos de trabajo en aquellos sectores de mayor productividad. Si miramos la estructura del empleo hoy, podemos comprobar que diez años después de haber comenzado este proceso de cambio en el que estamos inmerso, todavía el 48 por ciento de la fuerza de trabajo se encuentra en el sector presupuestado de la economía, esto es 1, 488 000 personas de las cuales unas 800 000 mil pertenecen a los sectores de educación y salud, mientras 688 000 laboran  en puestos muchos de los cuales pueden ser prescindibles.

En el sector productivo, la mayor cantidad de personas empleadas se encuentra en el sector agropecuario, que es una de los de más baja productividad. Desde esta perspectiva el problema no es solo crear nuevos empleos en el sector estatal , sino crear empleo allí donde los niveles de productividad son mayores, donde se genera mayor valor agregado, donde pueden generarse exportaciones de mayor complejidad tecnológica.

Hay todavía reservas importantes, por ejemplo en el llamado sector por cuenta propia y en las cooperativas no agropecuarias, constreñidos ambos a profesiones de bajo valor agregado y de baja complejidad tecnológica. Cuan  beneficioso fuera para el país  que esa situación cambiara.

Sin dudas el 2019  tendrá retos muy grandes, sin dudas la economía volverá a ser el gran campo de batalla, pero desde mi perspectiva los más importantes retos no son estrictamente económicos.

Fuente: OnCuba

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