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La economía cubana en 2018

Por Ricardo Torres  –    Cortesía de ProgresoSemanal

Las autoridades cubanas han estimado un crecimiento económico del orden del 1,2%. Imagen: Reunión del presidente Miguel Diaz-Canal y el Consejo de Ministros de la República de Cuba.

LA HABANA. El recién finalizado año 2018 fue otro ejercicio complejo para la economía cubana. Las autoridades cubanas han estimado un crecimiento económico del orden del 1,2%. De acuerdo a lo reportado, este discreto desempeño estaría soportado por sectores como las comunicaciones, el comercio, la industria manufacturera y la salud pública.

A su vez, se reportaron decrecimientos en turismo, industria azucarera, agricultura y construcción. El plan de inversiones se cumplió al 85%, aunque de acuerdo a las cifras planificadas esto aún representaría casi un 4% de incremento respecto a 2017.

El análisis en conjunto de estas cifras revela varios elementos interesantes:

Primeramente, la dinámica se ha sustentado en sectores esencialmente orientados al mercado doméstico, lo que es coherente con el continuo deterioro de la situación financiera externa.

En segundo lugar, al menos dos de los sectores decisivos en la exportación exhibieron un desempeño negativo: turismo e industria azucarera.

Un tercero, las ventas de servicios médicos, tendrían un recorrido incierto, con pronósticos poco alentadores a partir de la salida de los médicos cubanos de Brasil.

Los ingresos por los envíos de níquel podrían ser mayores, atendiendo a las mejores cotizaciones del producto en los mercados internacionales durante la mayor parte del año.

La evolución del turismo internacional merece una reflexión aparte.

Este sector, el más dinámico en el último quinquenio, ha atravesado una compleja coyuntura desde septiembre de 2017. Una combinación de eventos naturales, advertencias de viaje del Departamento de Estado norteamericano a sus ciudadanos, y las nuevas regulaciones para visitar Cuba desde ese país que entraron en vigor en noviembre de ese mismo año, han supuesto un cambio de tendencia en los arribos y en la estructura de los mismos.

En 2018, las llegadas por vía aérea cayeron un 6%, con reducciones no solo en Estados Unidos, sino también en otros destinos destacados como Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España. Esto ha sido compensado parcialmente por el aumento de las llegadas en cruceros.

Sin embargo, aun cuando no se conocen los datos definitivos, se estimaba que llegarían 4,7 millones de turistas extranjeros en 2018, lo que representaría un ligero incremento del 1% respecto al ejercicio anterior. Si a ello se suma un cambio en la composición de los viajeros a favor de los cruceristas, cuyo gasto total es menor, es esperable que lo ingresos brutos se hayan contraído.

La economía cubana ha venido perdiendo impulso desde 2016 y se anticipa otro período de bajo crecimiento en 2019. Las razones para esta desaceleración incluyen aspectos de orden externo y doméstico.

El contexto económico exterior ha ido cambiando negativamente para Cuba. En primer lugar, está la crisis económica en Venezuela, cuyos efectos se dejan sentir con fuerza en el comercio exterior. Ese país es el primer mercado para los servicios médicos, además de farmacéuticos; y el principal proveedor de petróleo y derivados.

La caída en los envíos debe ser sustancial, teniendo en cuenta que la producción de crudo venezolano ha pasado de promediar 2,2 millones de barriles diarios en 2016 a solo 1,15 millones en noviembre de 2018. La asociación que mantenía PDVSA con CUPET en Cienfuegos, y que permitía la exportación de refinos, también ha terminado.

Un segundo elemento tiene que ver con el errático desempeño de dos de las principales industrias de exportación: níquel y azúcar, las cuales se han visto perjudicadas por tropiezos en la producción y un descenso en sus cotizaciones.

Un tercer aspecto proviene del efecto de las nuevas políticas de la administración estadounidense. Este efecto ha sido particularmente perverso en los viajes y sectores conexos. Por otra parte, no se puede descartar el efecto disuasorio que este clima bilateral más hostil tiene en potenciales inversores de terceros países, y en las propias empresas de Estados Unidos.

Asimismo, han concurrido aspectos de índole doméstica. Desde mediados de 2015, apenas se han adoptado nuevas medidas como parte de la “actualización”. Las modificaciones que han entrado en vigor pueden ser consideradas restrictivas o de poco valor práctico.

En el segundo caso se pueden ubicar las normas relacionadas con la empresa estatal o la inversión extranjera, resaltando que esta última es probablemente el ámbito con la trayectoria más coherente dentro de la reforma. En el primer grupo estarían todas las normas adoptadas en relación al sector privado y cooperativo.

Una parte de las medidas relativas al cuentapropismo fueron modificadas en diciembre de 2018, pero no así las que tenían que ver específicamente con el transporte en la Capital. Los resultados del “experimento” en el transporte hablan por sí mismos. Un sector que ya padecía un déficit de oferta, ha visto como la flota de autos que prestan el servicio se ha reducido notablemente. La mayoría de los que sí lo hacen se ubicaron en la modalidad de “taxi libre”, con precios más altos, perjudicando especialmente al segmento más humilde de la población.

Finalmente, los precios se han elevado aún más (como cabría esperar), en tramos donde se supone se deberían pagar 5 CUP, se llegan a cobrar 25 CUP en determinadas zonas y horarios del día. La menor oferta también reflejaría la menor disponibilidad de combustible.

El gobierno cubano ha enfrentado la ralentización de la economía mediante una combinación de medidas de austeridad, impulso fiscal, y prioridad a las inversiones. Desde julio de 2016 se adoptaron fuertes medidas de ahorro de recursos en el sector público, particularmente en relación a la energía, rebajando las asignaciones físicas a las entidades del Estado. Asimismo, se ha recurrido al control de las importaciones para mantener un saldo externo positivo que, no obstante, se ha visto reducido apreciablemente.

A modo de ilustración, entre 2013 y 2017, las importaciones corrientes han caído un 27%, una reducción que no podría ser solo atribuida a la moderación de precios. Teniendo en cuenta la alta proporción de bienes intermedios en las compras externas cubanas, la reducción tiene un efecto negativo que se deja sentir en la producción doméstica, particularmente en la industria manufacturera. Otros efectos se aprecian en el comercio minorista, que sufre escaseces recurrentes de productos de alta demanda. Una situación similar se ha venido experimentando con los medicamentos.

El estímulo ha venido por la vía del gasto público, que ha crecido más rápido que el PIB desde 2015. El déficit fiscal pasó del 2,2% (del PIB corriente) en 2014 a 9% en 2018. Sin embargo, la presión sobre los precios es menor, dado que este desbalance ahora se financia mayoritariamente con la emisión de deuda pública. Un elemento positivo de esta estrategia es que se ha continuado priorizando la inversión, que ha mantenido una trayectoria al alza, aunque aún lejos de los montos necesarios.

Para el año entrante, no se avizora una mejoría en la coyuntura financiera externa, por lo que continuará gravitando negativamente sobre las posibilidades de crecimiento. Incluso si continúan mejorando las relaciones con la Unión Europea, se mantienen estables con Rusia y China, y se logran mejores resultados en la atracción de capital externo, la escasez de divisas será un obstáculo serio. Varios de los principales bienes de exportación, aunque tengan demanda, enfrentan restricciones que no permiten el aumento de su producción, mientras que los servicios tienen que desarrollar nuevos mercados.

El propio gobierno ya ha planificado un crecimiento del PIB del orden del 1,5%, más modesto que en todos los años anteriores. No obstante, el panorama no tiene que ser desesperanzador. El gobierno cubano necesita reconsiderar todas sus opciones y profesionalizar el diseño e implementación de la política económica.

La capacidad de retener al personal competente depende de que estos puedan vincular su trabajo con una probabilidad razonable de mejorar sus niveles de vida. Las bajas compensaciones, la rigidez y la hipertrofia del sector público lo impiden.

Aunque muy mejorables, los propios documentos ya adoptados brindan una oportunidad para comenzar. La “actualización” en sí misma padece de serias contradicciones internas. Se requieren cambios notables en el enfoque para abordar los problemas y en la filosofía que orienta las posibles soluciones.

El crecimiento económico a que se aspira en el discurso público es incompatible con las restricciones que pesan sobre el sector no estatal, con la enorme burocracia estatal, el exceso de control innecesario, o el desconocimiento de elementos básicos del funcionamiento de un sistema económico. Concebir una economía dinámica donde todos los sectores avanzan al mismo tiempo es una ilusión. Lo que no niega la necesidad de negociar un pacto social que garantice mínimos a todos los ciudadanos.

Cuba necesita desarrollar sus fuerzas productivas y no lo conseguirá bajo su arcaico sistema de planificación central. Este modelo, por su propia naturaleza, alimenta tres tipos de distorsiones que impiden avanzar en la dirección hacia la que el propio gobierno cubano ha señalado que quiere llevar al país.

Dado que este modelo suplanta (que no supera) las relaciones monetario-mercantiles por otras de tipo administrativo, requiere una enorme burocracia para gestionar las decisiones que en otro caso ocurrirían de forma descentralizada. En ese sentido, la formación de precios padece de serias deficiencias, por lo que estos no trasmiten el tipo de información necesaria para una adecuada toma de decisiones. Es común que los precios.

Información  deficiente se traduce en decisiones incorrectas.

En tercer lugar, el nuestro es por su propia naturaleza un sistema vertical, que tiende a la rigidez, donde se mira hacia arriba, menos hacia el lado. No resulta extraño que existan capacidades inutilizadas que conviven con la escasez o importaciones innecesarias.

Dos ejemplos resultan reveladores. La alta dependencia importadora en alimentos se da en un contexto donde se verifica un elevado porcentaje de tierras ociosas o subexplotadas. Asimismo, los elevados inventarios (léase recursos inmovilizados) coexisten con una elevada demanda insatisfecha; unas veces por la imposibilidad de gestionar su venta (rigideces de precios o de los canales de comercialización), otras porque se ha comprado de espaldas a la demanda real de mercado. Estas fallas estructurales no las pueden resolver los cuadros, ni los llamados a reducir la burocracia.

Cuba tampoco desarrollará su economía mientras sus políticas ponderen en mayor medida los factores externos (inversión extranjera y acuerdos ventajosos) en detrimento de sus propios recursos y talentos. Es preciso reconsiderar el papel de la empresa estatal en el sistema económico, y cambiar las reglas de juego para promover la competencia, amenaza creíble de bancarrota y premios vinculados al desempeño.

El sector privado y cooperativo nacional debe desempeñar un rol más destacado en la economía. Su tamaño actual se debe más a límites administrativos que al agotamiento de su potencial. No es serio pretender que esté libre de los mismos vicios que son comunes en el sector público.

Nada de esto será posible de espaldas al mundo. Más ahorro, ajuste, y pago de deudas no harán crecer a la economía. El gobierno cubano debe considerar seriamente una estrategia para reducir el costo del financiamiento externo y aumentar el flujo de recursos frescos, lo que incluiría temas sensibles como las remesas y el acercamiento a instituciones financieras internacionales.

Aunque Cuba enfrenta circunstancias excepcionales derivadas de las prolongadas sanciones de Estados Unidos, el elevado riesgo asociado a operaciones con la Isla no se debe solo a factores externos. De poco sirve aumentar la atracción de recursos externos si luego estos son invertidos de forma ineficiente.

Nada de esto requiere, por cierto, reducir los servicios sociales, tan altamente valorados por los ciudadanos cubanos. Al contrario, una economía dinámica sustentaría mayores ingresos fiscales con los que se podrían aumentar los salarios de esos empleados. Ese mismo escenario posibilitaría alcanzar progresos más acelerados en la cuestión de la vivienda, cuya solución requiere de grandes cantidades que recursos que no están disponibles en una economía estancada.

El primer trimestre de 2019 estará marcado por el referéndum sobre el proyecto de nueva Constitución. A 60 años del Triunfo de la Revolución Cubana parece claro que aspirar a un país mejor no es suficiente.

Enfoques y fórmulas probadas una y otra vez sin resultados no deberían interponerse ante las legítimas aspiraciones de progreso del pueblo cubano.

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