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Cuba por dentro: Una red para conectarlos a todos

Codigoabierto360.com. Radio/Tv Martí —”la radio que apenas se escucha y la televisión que no se ve dentro de Cuba” — a pesar de contar  con toda la gama de equipos de tecnología punta en comunicaciones que pudo comprarse con los cientos de millones de dólares que han estado a su disposición; de poseer una plantilla nominal integrada por profesionales de  la informática e información cuyos salarios sobrepasan las seis cifras; de la “contratación de emisoras locales de Miami” —para que le sirvan de “repetidoras”— con el propósito de difundir su programación hacia la diáspora miamense. La suma de toda ello constituye una burla en comparación con la Street Network (SNET) —la red de la calle— una intranet creada a partir del año 2000 por un colectivo de jóvenes cubanos “de a pie”, talentosos, llenos de deseo de conocer —de la generación de los noventa, generación mas acorde a su tiempo que a la de sus padres— sin dinero, ni recursos los que fueron capaces de cablear y entrelazar miles de vivienda de La Habana en una “red clandestina que si bien no fue permitida, fue tolerada”, una intranet de la calle llena del  surrealismo mágico con un sólido principio básico, la que similar al del paquete semanal  que circula en la isla —una recopilación de películas, shows, series, novelas, dibujos animados transmitidos recientemente por televisoras internacionales que circula por toda Cuba en un disco duro de aproximadamente 1 TeraByte— la red de la calle (SNET) tampoco transmite política ni pornografía. Y de seguro ambas han rechazado “acercamientos y jugosas ofertas económicas” que desde el exterior han recibido para que sirvan de “repetidoras” en programas políticos estratégicos, de Guerra Psicológicas (Ops. OPSIS), en contra del sistema socialista de la isla.  Reza un viejo, y efectivo, axioma de seguridad “lo que no puedas eliminar, contrólalo”. Pero también un milenario axioma árabe reza que “los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres”, por lo que hay que tener presente que del Periodo Especial a la fecha ha nacido una generación digitalica, en tanto la anterior quedo en la era analógica. Opinión: Coincidimos con Yassel A. Padrón Kunakbaeva y La Joven Cuba en que estos talentosos y brillantes jóvenes digitalicos de la isla merecen una alternativa para que su “red de la calle” (SNET) continúe brindando su servicio de forma paralela con el Estado.  

Parte del equipo de administradores. Foto: SNET

Por Yassel A. Padrón Kunakbaeva   -—   Fuente: La Joven Cuba

En las últimas semanas, las redes sociales en Cuba han estado calientes con un tema en particular: SNET. Probablemente muchas personas, sobre todo de las generaciones más adultas, no sepan lo que es SNET, y nunca lo hayan oído mencionar, pero para que se hagan una idea, se trata de un proyecto que a lo largo de más de 15 años ha logrado reunir alrededor de veinte mil jóvenes, trabajando juntos y colaborando. Desde el 29 de julio pasado, la puesta en vigor de un grupo de Resoluciones del Ministerio de las Comunicaciones (MINCOM) puso a SNET al borde de la desaparición, y eso desencadenó una serie de acciones y respuestas, las cuales fueron politizadas desde diferentes posiciones.

Hemos sido testigos de un nuevo round en la lucha entre el Estado y la oposición por ganar la hegemonía sobre los movimientos de la sociedad civil.

¿Qué es SNET?

SNET, cuyas siglas son una abreviatura de Street Network (la red de la calle), es una intranet construida de manera artesanal, y que abarca gran parte del territorio de La Habana. Surgió de manera espontánea, ante la falta de conectividad existente, con el fin de jugar videojuegos en red y de compartir información interesante. Desde entonces ha crecido exponencialmente, convirtiéndose en una de las mayores experiencias de autogestión en el siglo XXI cubano.

SNET quedaría estructurada en nueve pilares principales: ROG, GNTK, Playa, Vedado, Nuevo Vedado- Wifinet, Comunidad Sur, Cerro, Habananet (Centro Habana- Habana Vieja) y Habana del Este con unos 20 mil usuarios interconectados.

La red se caracterizó en sus inicios por el carácter descentralizado. Fueron surgiendo en diferentes sitios redes independientes, que encontraron luego el modo de interconectarse. Para llevar a cabo la conexión, los mismos usuarios fueron consiguiendo los equipos necesarios: los AP, los equipos Ubiquiti, nanos y cables. Se fueron desarrollando a medida que entró tecnología más moderna. Con el tiempo, se hizo habitual ver cables a galope sobre calles y edificios:

Los cables de SNET conectando a miles de cubanos.

SNET llegó a ser más que una red. Con el tiempo, se convirtió en una parte fundamental en la vida de muchas personas. Los amantes de los videojuegos pudieron interactuar entre sí en tiempo real desde cualquier lugar de la capital. También pudieron compartir en foros y descargar series. A través de la red han surgido amistades duraderas e incluso relaciones de pareja. Un auténtico fenómeno de masas.

Por supuesto, no todo ha sido color de rosa. Una vez que se consolidaron los principales pilares (puntos centrales de conexión) y se oficializó el pago de una contribución, SNET se centralizó. Hubo pugnas de poder entre los diferentes administradores, la red se dividió en dos, y hubo altercados desagradables, con el problema del dinero en el fondo.

Sin embargo, hay que reconocer que SNET siempre fue fiel a algunos de sus principios fundacionales: uno de ellos, no compartir información relacionada ni con política, ni con pornografía.

El conflicto

El 29 de julio de 2019 entraron en vigor las resoluciones 98 y 99 del MINCOM. Estas habían sido promulgadas algunas semanas antes, como parte del proceso de informatización de la sociedad cubana. Entre otros puntos, las resoluciones implicaban una serie de normas para la creación y utilización de redes particulares, llevando un nuevo orden a un mundo que hasta ese momento había estado en la ilegalidad. Los días en los cuales SNET podía crecer de manera silvestre llegaron a su fin.

Entre los puntos más impopulares de las resoluciones, estuvo la imposibilidad de utilizar un cableado que pasara por encima de las calles, ni siquiera tratándose de pequeñas entrecalles, así como las limitaciones a la potencia de los equipos, que solo podrían tener como máximo una potencia de 100 mW. Ambas medidas golpeaban al corazón de SNET: su capacidad para conectar a los usuarios.

Para que pueda entenderse: al no poder pasar cables sobre las vías públicas muchas personas no podrían conectarse aunque la red pasara por el frente de su casa. Pero lo peor era lo de la potencia máxima de los equipos, pues con una potencia tan baja como la que planteaba la resolución, resultaría imposible mantener conectados los distintos nodos de SNET. El paradigma que contenían las resoluciones era el de una multitud de pequeñas redes privadas sin fines de lucro y desconectadas entre sí.

Ante estas resoluciones, desde el primer momento la Administración de SNET comenzó a buscar alternativas. Fue entonces cuando prepararon algunos documentos con propuestas para modificar las resoluciones, así como con posibles salidas que permitieran la supervivencia de la red, las cuales fueron entregados al ministerio. Sin embargo, en un primer momento, la respuesta del MINCOM fue escueta y gélida: iban a analizar los documentos entregados.

En la mañana del 9 de agosto se llevó a cabo una reunión entre las autoridades del ministerio y algunos administradores de SNET. En esa reunión no se llegó a un entendimiento. La actitud de los funcionarios del ministerio no fue la mejor, simplemente se les informó a los administradores que las resoluciones iban a ser aplicadas y que aquellos que no las acataran recibirían actas de advertencia. No se planteó ningún tipo de colaboración. Por el contrario, se les notificó que los Joven Club sustituirían a la red en la oferta de servicios de conexión, para lo cual comenzarían a realizarse pruebas piloto.

El resultado de esa desafortunada reunión fue la convocatoria, por parte de los administradores de SNET de una reunión en las afueras del Ministerio de Comunicaciones para el sábado 10 de agosto, para protestar por las resoluciones e intentar abogar por una solución. A partir de ese momento comenzaron a calentarse las redes sociales. Al haber una manifestación pública de rebeldía, el problema de SNET comenzó a entrar en el radar de los diferentes actores interesados en fomentar o apaciguar cualquier desestabilización en Cuba.

Durante la mañana del sábado, muchos jóvenes llegaron a las afueras del Ministerio de las Comunicaciones. Fue solo una pequeña fracción de los miles de personas conectadas. Aun así, eran suficientes. Varios funcionarios del ministerio dieron la cara, intercambiaron con los jóvenes y se comprometieron con encontrar una solución.

Los medios oficiales cubanos nada contaron sobre lo que allí ocurrió. Sin embargo, parte de la oposición, que en los últimos años ha ganado en versatilidad y capacidad de respuesta, estuvo allí esa mañana. El medio opositor 14 y medio fue el primero en cubrir in situ lo ocurrido aquel día.

Estrategias cruzadas

A partir del sábado 10 de agosto, el problema de SNET se convirtió en una prioridad para varios grupos de la oposición cubana. Para nadie es un secreto que su estrategia en los últimos años consiste en acercarse a otras luchas auténticas de la sociedad cubana, para cooptarlas y así darle una base social a su activismo contra el sistema y el Estado cubanos. Esa táctica ya les salió bien el 11 de mayo con el movimiento LGTBIQ, en lo que probablemente haya sido su mayor victoria en los últimos años.

La oposición se dio cuenta inmediatamente que, si lograba hegemonizar la lucha de SNET, iba a tener acceso a una base social de miles de jóvenes cubanos de todos los estratos sociales. Era un manjar muy suculento. Por ese motivo, comenzaron a darle cobertura a la lucha, entraron a sus grupos de Facebook, crearon grupos de WhatsApp, e incluso encontraron aliados entre los más intransigentes de los usuarios de SNET. Violándose una de las reglas fundacionales de la red, se volvió habitual en ciertos grupos mezclar la lucha por la existencia de SNET con mensajes contra el sistema.

Frente a esa estrategia, vale reconocer que el Estado y el MINCOM actuaron de una manera cualitativamente superior a como se actuó en los sucesos del 11 de mayo. El mismo domingo 11 de agosto hubo otra reunión entre funcionarios y administradores de la red, en la que se llegó a un nuevo acuerdo: las resoluciones no se verían modificadas, pero se trabajaría de conjunto con SNET para pasar parte de sus servicios e infraestructura a la nueva red que crearían los Joven Club de Computación. Se les ofreció a esos administradores la posibilidad de convertirse en colaboradores de los Joven Club y recibir un salario por ello y se les hizo saber las ventajas de la nueva red, que abarcaría a todo el país y contaría con fibra óptica.

En un primer momento, la respuesta de los administradores de SNET no fue unitaria. Mientras los del Cerro aceptaron la nueva realidad y comenzaron a trabajar codo con codo en las pruebas conjuntas con los Joven Club, los de otros lugares se declararon en rebeldía y convocaron otra reunión frente al MINCOM para el sábado 17. En el fondo, seguían doliendo los aspectos más ásperos de las resoluciones, el tema del cableado y de la potencia máxima. Unido a que no todos los usuarios viven cerca de un Joven Club.

Nada podía ser más del gusto de la oposición que la convocatoria a otra manifestación pública. Es por eso que redoblaron esfuerzos en la creación de un clima de opinión favorable a la desestabilización. Los grupos de WhatsApp tuvieron un papel fundamental.

Por otro lado, la injerencia de personas de la oposición que reciben dinero de los fondos norteamericanos para el cambio de régimen, le dio un motivo al Ministerio del Interior para intervenir y hacer fuertes llamados a varios administradores para que se abstuvieran de cualquier manifestación contra el gobierno. Como en todo conflicto, siempre paga algún inocente.

Lo importante es que, al mismo tiempo que esto ocurría, el MINCOM se acercó a los diferentes pilares de SNET y logró atraer hacia su propuesta a los administradores. La solución negociada, por encima de las imposiciones. Se le dio la posibilidad a los que gestionaban SNET de participar en la construcción de la nueva red de los Joven Club. Colaboración como respuesta a la confrontación.

Al final, los grupos opositores se quedaron sin base social, y ya para el sábado la reunión pública no era recomendada por la inmensa mayoría de los administradores de la red. Algunos fueron de todas formas, por intransigencia, o porque no se enteraron de los cambios de posición de los administradores, pero fueron recibidos en el interior del Ministerio de Comunicaciones y se conversó con ellos con tranquilidad.

Lo cierto es que, durante la semana previa al 17 de agosto, la mayor parte de los administradores de SNET se pusieron a trabajar con los Joven Club, poniendo a punto los servidores y añadiendo servicios. El viernes 16 de agosto apareció un artículo en el sitio oficial del MINCOM en el que Pedro Ernesto Pérez, conocido en la red como “Doom”, explicó algunas de sus impresiones sobre el proceso, y explicó que se continúa buscando alternativas para que, dentro de los marcos de las resoluciones, no se quede nadie desconectado. Entre esas alternativas está la conexión a través de puntos wifi de Joven Club, ubicados en diversas instituciones del MINCOM. También informó que se están transfiriendo a la nueva red los principales juegos y servicios de SNET.

Esta vez el Estado ganó la partida.

Los reprimidos

Desde el sábado por la mañana, Twitter no descansó: pudieron verse imágenes y audios de la actuación de la Seguridad del Estado, que hizo un fuerte despliegue para evitar que muchas personas salieran de sus viviendas y pudieran ir a la manifestación pública frente al MINCOM. Sin embargo, el grueso de los que sufrieron la represión ese día, no fueron muchachos de SNET.

El Estado intentó retener un espectro diverso de personas, algunas que  ya han roto sus lanzas contra el sistema cubano, a las que no les importa aceptar apoyo norteamericano para realizar sus actividades y otras que son víctimas colaterales, medios independientes que, sin ser parte de la oposición pagada, por muchos motivos cayeron dentro del mismo saco.

Entre otras cosas, impidieron la cobertura que podían haber realizado El ToqueEl Estornudo14 y Medio, ADN Cuba, etc. Medios con distintas características pero interesados en cubrir un conflicto que se politizaba más y el Estado tenían su propio interés en no-cubrir.

En otros artículos he criticado la fobia a las manifestaciones públicas que tienen las autoridades encargadas de mantener el orden en Cuba. Sin embargo, esta vez quiero plantear otros elementos.

Primero, aquellos que reciben dinero o algún beneficio de instituciones internacionales comprometidas con la estrategia de cambio de régimen en Cuba, no deberían sorprenderse de que la contrainteligencia la considere un peligro y se ocupe de ella. Por lo tanto, no deberían hacer una noticia de eso. Los que no reciben fondos de Estados Unidos a menudo se ven atrapados en el fuego cruzado, algo que solo puede evitarse con altas dosis de responsabilidad política y  un periodismo que los distinga de la propaganda opositora.

Segundo, que el hecho de que un medio sea alternativo (LJC incluida) no lo convierte en bueno. En ese sentido, me gustaría saber cuántos de los que hoy son sufridos y comprometidos disidentes protestarían contra la pérdida de derechos sociales que implicaría una restauración capitalista en Cuba.

Por último: me consta que algunos en el mundo de los medios independientes lo único que buscan es un espacio para de manera legítima expresar sus puntos de vistas divergentes. Y que al Estado, y sobre todo los elementos más conservadores de la burocracia, lo que le conviene es poder meter a todo el mundo en el mismo saco. Pero por eso, lo primero debe ser la lucha por un espacio de legitimidad dentro de la sociedad cubana para los medios independientes, y eso empieza por tomar una posición radicalmente antimperialista (que no es lo mismo que antinorteamericana), tanto en la teoría como en la práctica.

Para terminar, la red

Quisiera decir, para concluir, que me parece muy bueno que haya primado la colaboración entre SNET y los Joven Club. Sin embargo, tal y como están escritas las resoluciones, si se aplicaran hoy a rajatabla la inmensa mayoría de los usuarios de SNET quedarían desconectados. Mi recomendación es que, si de verdad existe una voluntad de dar una alternativa a los que durante tanto tiempo construyeron SNET, no se aplique la resolución en tanto no se vayan creando las condiciones para conectar a todos. No sería nada bueno que, al final de esta historia, el resultado fueran miles de jóvenes desconectados.

Para contactar con el autor: [email protected]

* Nota de los Editores: Con el afán de ser precisos en nuestra descripción de la sociedad civil cubana y lo ocurrido respecto a SNET, este texto ha sido corregido y ampliado respecto al original.

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