Al Qaeda: Humam al-Balawi. El agente triple

Cortesía de Javier Jordán.

Sin duda en el trabajo de campo de los  Servicios Especiales los errores se pagan con la vida: Humam al-Balawi , medico jordano reclutado por el Dairat al-Mukhabarat al-Ammah o Directorio General de Inteligencia(GID) de  Jordania en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se convirtió en un “activo de inteliencia”. Marcho a Pakistán con el fin de infiltrarse en Al Qaeda mediante contacto con los talibán. Finalmente, al-Balawi consiguió su objetivo y, según sus informes, logró atender médicamente al mismísimo Ayman al-Zawahiri, por entonces número dos de Al Qaeda. Los responsables de la CIA entusiasmados por el éxito operativo de al-Balawi  solicitaron un encuentro personal para dotarle de medios con los que transmitir las coordenadas exactas de al-Zawahiri (que posteriormente recibiría la visita de robots armados) finalmente la reunión acordó en una de los puestos avanzados de la CIA en la frontera de Afganistán. Camp Chapman, jefa de Estación CIA organizó un comité de bienvenida al que al-Balawi tuvo acceso sin someterse a los controles de entrada. Al bajarse del coche que le había recogido en la frontera, al-Balawi detonó su chaleco explosivo matando a cinco miembros de la CIA, a dos guardias de seguridad norteamericanos, a bin Zeid (su controlador de la inteligencia jordana), y al conductor afgano al servicio de la CIA. Era el 30 de diciembre de 2009.

QPM.ORG.:En el trabajo de campo de los Servicios Especiales los errores se pagan con la vida: Humam al-Balawi , medico jordano reclutado por el Dairat al-Mukhabarat al-Ammah o Directorio General de Inteligencia(GID) de Jordania en coordinación con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se convirtió en un “activo de inteliencia”. Marcho a Pakistán con el fin de infiltrarse en Al Qaeda mediante contacto con los talibán. Finalmente, al-Balawi consiguió su objetivo y, según sus informes, logró atender médicamente al mismísimo Ayman al-Zawahiri, por entonces número dos de Al Qaeda. Los responsables de la CIA entusiasmados por el éxito operativo de al-Balawi solicitaron un encuentro personal para dotarle de medios con los que transmitir las coordenadas exactas de al-Zawahiri (que posteriormente recibiría la visita de robots armados) finalmente la reunión acordó en una de los puestos avanzados de la CIA en la frontera de Afganistán. Camp Chapman, jefa de Estación CIA organizó un comité de bienvenida al que al-Balawi tuvo acceso sin someterse a los controles de entrada. Al bajarse del coche que le había recogido en la frontera, al-Balawi detonó su chaleco explosivo matando a cinco miembros de la CIA, a dos guardias de seguridad norteamericanos, a bin Zeid (su controlador de la inteligencia jordana), y al conductor afgano al servicio de la CIA. Era el 30 de diciembre de 2009.

Acabo de finalizar una lectura apasionante: The Triple Agent. The al-Qaeda Mole who Infiltrated the CIA, escrito por Joby Warrick, un reportero del Washington Post especializado en inteligencia y seguridad nacional, galardonado con el Premio Pulitzer por trabajos anteriores.

El libro narra una historia trágica. Humam al-Balawi, médico jordano, introvertido y de complexión frágil, que en su tiempo libre se transformaba en Abu Dujana al-Khurasani un comentarista muy seguido en foros web relacionados con Al Qaeda. Una especie de doctor Jekyll y Mister Hyde en versión ciberyihadista.

Al-Balawi fue detenido por los servicios de inteligencia jordanos en 2008 y puesto en libertad pocos días después, tras confesar en los interrogatorios la escasa información que poseía sobre otros compañeros de chat. La inteligencia jordana trató de reclutarlo como informador. El responsable de la operación era un funcionario de inteligencia llamado Ali bin Zeid, miembro además de la familia real jordana.

Al-Balawi aceptó la oferta y se mostró dispuesto a marchar a Pakistán con el fin de infiltrarse en Al Qaeda. Si la operación (dirigida a partir de entonces por los jordanos y por la CIA) tenía éxito y proporcionaba información de calidad, la recompensa económica sería cuantiosa. Una vez en Pakistán, Al-Balawi estableció contacto con los talibán y éstos a su vez le permitieron llegar hasta Al Qaeda.

El supuesto espía mantenía informado por e-mail a su controlador en la inteligencia jordana, en algunos casos aportando como prueba testimonios gráficos de sus encuentros con líderes destacados de Al Qaeda y, en otros, confirmando los daños causados por los ataques con drones en el área fronteriza de Pakistán. Aparentemente la escasez de médicos y la reputación on-line que había logrado forjarse con anterioridad convertían a al-Balawi en un activo apreciado, con acceso a los grupos militantes de la zona.

Finalmente, al-Balawi consiguió su objetivo y, según sus informes, logró atender médicamente al mismísimo Ayman al-Zawahiri, por entonces número dos de Al Qaeda. Los responsables de la CIA no disimularon su entusiasmo y solicitaron un encuentro personal para dotarle de medios con los que transmitir las coordenadas exactas de al-Zawahiri (que posteriormente recibiría la visita de robots armados).

Tras un forcejeo sobre el lugar de encuentro (al-Balawi quería que fuese en Pakistán y a solas con bin-Zeid) la reunión se acabó fijando en una de los puestos avanzados de la CIA en la frontera de Afganistán: Camp Chapman. En su afán por mostrar su hospitalidad con su infiltrado estrella, la jefa de estación de la Agencia (con el visto bueno de la burocracia de Langley) organizó un comité de bienvenida al que al-Balawi tuvo acceso sin someterse a los controles de entrada. Un error de consecuencias fatales pues nada más bajarse del coche que le había recogido en la frontera, al-Balawi detonó su chaleco explosivo matando a cinco miembros de la CIA, a dos guardias de seguridad norteamericanos, a bin Zeid (su controlador de la inteligencia jordana), y al conductor afgano al servicio de la CIA. Era el 30 de diciembre de 2009.

En su libro Warrick ofrece un relato pormenorizado del que se pueden extraer diversas lecciones. De entrada, se me ocurren las tres siguientes:

  Las prisas son malas consejeras. Tanto bin Zeid, el controlador de la inteligencia jordana, como Darren LaBonte, case officer de la CIA en Amman, muerto también en Camp Chapman, expresaron sus dudas sobre la rapidez con que se estaban desarrollando los acontecimientos y la facilidad con que al-Balawi había penetrado en los círculos internos de Al Qaeda. La gestión de fuentes humanas requiere tiempo y paciencia y, en este caso, el ansia por ofrecer objetivos de alto nivel a los drones que sobrevuelan Pakistán aceleró desastrosamente el proceso. Según cuenta un amigo de bin Zeid, tras ver juntos Red de mentiras (de Ridley Scott, protagonizada por Russell Crowe y Leonardo DiCaprio, buena película, donde también se entrecruzan la inteligencia jordana y la estadounidense), bin Zeid comentó: “los norteamericanos son así. Siempre quieren que las cosas sucedan lo antes posible”.

  A un auténtico radical no se le compra con dinero. En los entornos yihadistas se pueden encontrar individuos que militan por el deseo de ser aceptados por el grupo, por afán de aventura o simplemente porque les permite canalizar su natural violento (de modo que en otras circunstancias, encajarían a la perfección en una banda de hooligans). La lealtad de este tipo de sujetos es quebradiza. Sin embargo, al-Balawi creía firmemente en su causa y aprovechó la oportunidad que le ofrecieron la inteligencia jordana y la CIA para convertirse en un muyahid en el mundo real y no sólo en los foros virtuales.

  En consecuencia, la gestión de infiltrados terroristas a partir de ciertos niveles entraña peligros difícilmente eludibles. La información y la oportunidad que al-Balawi estaba brindando convertían el encuentro cara a cara en algo necesario, y dicha coincidencia iba a acabar mal para quien tuviera que aproximarse. En este caso el error estuvo en que tantas personas se dieran cita en el mismo lugar.

 

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