Crisis económica y trauma psicosocial

Por Ivette García González. Generacionalmente un pueblo temeroso continua obedeciendo, pero cuando ya nada tienen que perder se sublevan… Dr. Alfonso

Por Ivette García González*

El carácter permanente de la crisis económica en Cuba ha devenido trauma psicosocial, relacionado con el daño antropológico al que me referí en el artículo anterior. El sacerdote y psicólogo social Ignacio Martín-Baró (1942-1989) lo identifica como el impacto de los daños psicosociales derivados de contextos hostiles crónicos, sea por guerras o por crisis económicas severas.

La causa fundamental en Cuba es la persistencia de un modelo incapaz de gestionar una economía en beneficio de las mayorías. Sus consecuencias se amplifican por la existencia del bloqueo estadounidense. La afectación, como consecuencia de vivir de una crisis en otra, careciendo durante décadas de lo básico, es más profunda que la producida a la salud mental de los ciudadanos en contextos de crisis.

El daño antropológico en la sociedad cubana 

El carácter permanente de la crisis económica en Cuba ha devenido trauma psicosocial, relacionado con el daño antropológico al que me referí en el artículo anterior. El sacerdote y psicólogo social Ignacio Martín-Baró (1942-1989) lo identifica como el impacto de los daños psicosociales derivados de contextos hostiles crónicos, sea por guerras o por crisis económicas severas.

La causa fundamental en Cuba es la persistencia de un modelo incapaz de gestionar una economía en beneficio de las mayorías. Sus consecuencias se amplifican por la existencia del bloqueo estadounidense. La afectación, como consecuencia de vivir de una crisis en otra, careciendo durante décadas de lo básico, es más profunda que la producida a la salud mental de los ciudadanos en contextos de crisis.

Crisis económica y trauma psicosocial

El trauma psicosocial es fenómeno complejo, duradero y que afecta al tejido social. Con el tiempo, impacta en la mayoría del pueblo, genera traumas diversos y perturba las relaciones de convivencia. Se llegan a naturalizar fenómenos contrarios a los mejores valores de la identidad nacional. Esa realidad nos sumerge en un círculo vicioso que dificulta también el desarrollo de capacidades para construir un mejor país.  

El estado de incertidumbre que produce la crisis permanente genera un estrés sostenido. Este se refleja en frustración, ansia por el consumo, posturas reactivas e instintivas y sentimientos de envidia, rabia, odio e intolerancia. También en estados de desmoralización, deterioro de valores e incremento de la vulnerabilidad de los individuos, al recurrir a prácticas disruptivas del orden moral o legal para sobrevivir.  

Las formas opresivas y los actores para ejecutarlas se multiplican. A veces por reproducción de las mismas actitudes que existen en el ecosistema social. Otras, por canalización indebida de la opresión que experimenta la persona en los ámbitos en que se desenvuelve sin encontrar cómo oponerse.

Síndrome de Estocolmo.  Trastorno psicólogico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada.

Un síntoma grave de los últimos años es la identificación de las víctimas con los opresores. Se trata de una asociación de patologías diversas en varias escalas y relacionadas con el llamado Síndrome de Estocolmo. Ello se manifiesta hace tiempo en las relaciones entre gobierno y sectores de la ciudadanía, pero hoy ha minado la esfera social. Sirvan de muestra tres ejemplos de la vida cotidiana:

1.- ¿A cuántas personas les ha ocurrido que al recibir un servicio y pagar por este, el funcionario o vendedor le ha dicho de modo rampante: «el cambio se lo debo»?. Muchos aceptan con resignación y algunas veces hasta comprenden al victimario.  

2.- Frecuente reacción en colas de agro-mercados, farmacias, etc., cuando una persona reclama al vendedor por un cambio incompleto o el pesaje del producto adulterado. La mayoría de los presentes calla, algunos se molestan por la demora que ocasiona la víctima y otros se solidarizan con el opresor aludiendo: «él también tiene que vivir» o «tanto lío por cuatro quilos».

3.- ¿Cuántas personas reclaman ante violaciones de derechos, incluso elementales? ¿Cuántas que han sido críticas se han limitado en sus reclamos porque son la excepción dentro de un grupo, porque son demasiados los motivos cada día, o porque «de todas maneras nada se resuelve»? ¿Quién no ha escuchado la frase «esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle»?

Comprendernos y repensar el país

16El progreso es parte de la naturaleza humana. Toda persona cifra en él esperanzas para una satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales. Quiérase o no, imponer obstáculos a que los ciudadanos progresen económicamente es una fórmula deshumanizadora.

Tal método se ha usado históricamente para someter a grupos humanos. Porque la igualdad hacia abajo, en base a mínimas condiciones de vida, reduce a las mayorías a una gestión de sobrevivencia; desvía su atención de las causas profundas de los problemas y logra que muchos se acostumbren a vivir así. Es difícil que se planteen entonces transformar la realidad.

La sonrisa y las cavernas

Vivir en la incertidumbre y sin expectativas de progreso hace tanto daño como no tener qué comer; aporta al inmovilismo y a la perpetuación de un estatus quo opresivo. En Cuba los ciudadanos han dependido durante décadas de su relación o aceptación del poder del Estado para subsistir. Se han limitado demasiado los sueños y la iniciativa creadora del individuo, masificándolo. Se les pide siempre resistir y aceptar que el culpable de la crisis es el bloqueo externo, cuya solución no está al alcance. Por tanto, induce a la aceptación de la infelicidad y la frustración en las mayorías. La clase política, sin embargo, sortea el bloqueo y realiza sus sueños.  

La situación actual de Cuba se relaciona con lo que la psicoanalista argentina Silvia Bleichmar denomina «dolor país», es decir, una relación entre «la cuota diaria de sufrimiento que se le demanda a sus habitantes y la insensibilidad profunda de quienes son responsables de buscar una salida menos cruenta». Son hechos que en el inconsciente colectivo evidencian la crisis del modelo de sociedad.

La pandemia multiplicó las carencias y los efectos psicosociales en todos los países afectados. Los problemas psicológicos se han acrecentado por cuatro y cinco veces, con desórdenes emocionales y problemáticas psicológicas diversas. Los más perjudicados son los grupos entre dieciséis y cuarenta años y las mujeres. Por eso se ha disparado el consumo de ansiolíticos a nivel mundial.

Palabras que definen

La situación de Cuba es más grave. Hoy las carencias y tensiones sociales están al límite. Ellas demandan soluciones concretas y comprensión hacia la ciudadanía. Sin embargo, el gobierno incrementa la represión y parece reeditar la vieja reticencia a los cambios económicos estructurales que son urgentes e impostergables.   

Los cubanos necesitamos comprendernos, reflexionar críticamente sobre nuestra realidad y luchar por transformarla a través del ejercicio cívico. Como dijera el poeta y filósofo bengalí Rabindranath Tagore (1861-1941): «No se puede atravesar el mar simplemente mirando el agua».

AUTORA

Ivette García González*Ivette García González, La Habana, 1965. Doctora en Ciencias Históricas por la Universidad de La Habana (2006), Profesora Titular por el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) “Raúl Roa García” e Investigadora Titular del Instituto de Historia de Cuba. Actualmente docente e investigadora de la Casa de Altos Estudios Fernando Ortiz de la Universidad de La Habana. Autora de varios libros. Fungió como diplomática en la Embajada de Cuba en Lisboa (2007-2011). Preside la Sección de Literatura Histórica y Social de la Asociación de Escritores de la UNEAC y es miembro de la Asociación Cubana de Naciones Unidas (ACNU), de la Unión de Historiadores de Cuba (UNHIC), la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y Caribeños (ADHILAC) y la Sociedad Económica de Amigos del País (SEAP).

Fuente: jovencuba.com/

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