Medicamentos en Cuba: crisis y alternativas

Por José Manuel González Rubines. Hace meses que adquirir el medicamento es un suplicio. Desde finales de 2020 a las farmacias se les suministra aproximadamente el 35% de la cantidad requerida por los pacientes. Foto de archivo ilustrativa de una empleada en una farmacia en La Habana. Jul 9, 2020. REUTERS/Alexandre Meneghini

Por José Manuel González Rubines

Recién había cumplido sus ochenta, cuando Octavio Francisco González sintió que el cuerpo se le empezaba a poner rígido. Los brazos del bodeguero que había sido se movían como «manecillas de reloj», y las piernas solo daban pasitos cortos y tímidos, pegados al suelo. Tan pronto lo vio traspasar la puerta de la consulta, su médico no dudó en el diagnóstico: Mal de Parkinson.

Desde entonces depende de la levodopa con carvidopa, cuya dosis ha venido aumentando a medida que la enfermedad progresa. De tres cuartos de pastilla, tras cuatro años de padecimiento, debe tomar dos y media al día. Su familia está consciente de que si deja de hacerlo, la rigidez se extenderá poco a poco y no podrá siquiera tragar. Él también lo sabe porque lo ha sentido.

Hace meses que adquirir el medicamento es un suplicio. Desde finales de 2020 a las farmacias se les suministra aproximadamente el 35% de la cantidad requerida por los pacientes. Su situación la alivia gracias a amistades que le consiguen las pastillas por diferentes vías y lugares. También ha acudido a las compras en el mercado negro, que puede pagar, entre otras cosas, por la ayuda que viene del exterior, de la mano de su hijo mayor.

No todos los pacientes de Parkinson en Cuba tienen la misma suerte. 

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«Hola!! Por favor necesito estos medicamentos Clopidogrel, Espironolactona. Tengo a mi abuelita con un infarto cerebral ingresada y en el hospital no hay medicamento y de eso depende su recuperación. Agradezco la bondad» [sic.]

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La crisis de medicamentos no es nueva ni tiene su origen en los efectos de la pandemia, aunque sin dudas esta la ha agudizado. Según el Reporte de medicamentos en falta publicado por BioCubaFarma, en el que aparecen únicamente los productos que esa entidad aporta al Cuadro Básico de Medicamentos de Cuba (CBMC), la lista de enero de 2020 la integraban 60. Entre ellos estaban algunos tan demandados como el atenolol, la cefalexina, o el diazepam.

En febrero de 2020, un mes antes de que se detectara el primer caso de Covid-19 en la Isla, el reporte arrojó un faltante de 78 fármacos; en marzo, 86; en abril, 98; en mayo, 94; en junio, 85; en julio, 88; en agosto, 84; en septiembre, 93; y 80 en octubre, fecha de su última publicación. En la web de la empresa se asegura que al cierre de diciembre faltaban 85 productos, lo que indica que la tendencia se mantuvo.

El CBMC para 2020 y 2021 está constituido por 619 renglones. De ellos, en el primer año, la industria nacional produjo el 58% y en el segundo, el 59%Conocer el faltante total de fármacos —importados y nacionales— es difícil dada la carencia de reportes actualizados. Como dato referencial resulta ilustrativo que en una comparecencia en el programa televisivo Mesa Redonda del día 3 de julio de 2020, el ministro de Salud Pública señalara la inexistencia de 116 medicamentos —87 nacionales y 29 importados—, cifra que representa el 19% del CBMC.

En la emisión del 3 de julio de 2020 el ministro de Salud Pública informó sobre la situación de los medicamentos en el país (Foto: sitio web del Minsap)

En la misma emisión, el presidente de BioCubaFarma, Eduardo Martínez, aseguró que la situación tenía entre sus causas la carencia de materias primas y otros materiales, la perdida de proveedores habituales a causa del bloqueo, la imposibilidad de realizar transacciones bancarias para efectuar pagos, el cierre de las plantas productoras en China por problemas de contaminación ambiental y afectaciones con las navieras habituales que provocaron excesivos tiempos logísticos.

En el artículo ¿Cómo ha afectado el bloqueo a la salud pública cubana en medio de la pandemia?, publicado en Cubadebate, se reseña, por ejemplo, que la Agencia Naviera de México S.A. notificó que no había buques disponibles para recalar en Cuba por las restricciones, lo que perjudicó la entrega de dipirona y glibenclamida. Asimismo, destaca el texto que el bloqueo causó pérdidas al sector de la salud de 198 millones 348 mil dólares.

En su referida presentación del 3 de julio de 2020, Portal Miranda identificó como causas internas de las carencias a las siguientes: deficiente uso de medicamentos debido a prescripciones inadecuadas y de complacencia, deterioro del funcionamiento de las farmacias, problemas organizativos y de control, actividad delictiva y déficit en la preparación de los recursos humanos.

El Portafolio de Inversiones de BioCubaFarma 2018, último publicado, señala también otra de las razones, cuando propone una inversión en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel para erigir una planta con capacidad productora de 5 mil millones de unidades. Esta obra, que pertenecería en un 49% a una parte extranjera, se realizaría «teniendo en cuenta la obsolescencia tecnológi­ca de las actuales plantas productoras de table­tas y cápsulas». De hecho, fármacos como el enalapril y el atenolol se ausentaron de las boticas en 2020 por «Rotura de Equipo Tecnológico», según el citado Reporte de medicamentos en falta.

Medicina en Cuba: realidades dispares

Sin embargo, estos datos de la cartera de inversiones tienen una antigüedad de tres años, por lo que habría que constatar si el proyecto de construcción de la planta productora de medicamentos se concretó. Es evidente que desde marzo de 2020, en que se detectó la Covid-19 en Cuba, el sistema de Salud ha incurrido en enormes gastos para el manejo y control de la pandemia, dado que ha sostenido a varios miles de personas en centros de aislamiento, así como a más de 110 mil pacientes diagnosticados con la enfermedad que han tenido alguna forma de estancia hospitalaria.

No obstante lo anterior, según una publicación muy reciente de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de la República de Cuba (ONEI), la inversión en ciencia e innovación tecnológica durante el pasado año, fue 72 veces menor que la ejecutada, también en plena pandemia, en las áreas de «servicios empresariales, actividad inmobiliaria y de alquiler», que incluye la inversión turística. Como destacara con lógica alarma el economista cubano Pedro Monreal, a pesar de la disminución de la demanda en el sector turístico, se le destinaron 4 138.8 millones de pesos; contra apenas 57.3 millones consignados a la ciencia e innovación tecnológica.

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«Bueno días gracias por aceptarme en el grupo necesito algo para la sarna estoy desesperada» [sic.]

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El pasado 23 de marzo, el diputado español Emilio del Valle, del ultraderechista partido VOX, se refirió durante una intervención en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso a una «epidemia de sarna» que afectaba sobre todo a La Habana y de la que tuvo noticias a través de una hermana monja que vive en la Isla hace alrededor de siete años.

El tema es recurrente en redes sociales, donde es posible apreciar que la ausencia de medicamentos para tratar la dolencia, como la permetrina, ha elevado a niveles insospechados los precios de los pocos que existen y ha generado una ola de innovación en cuanto a paliativos. Pululan las publicaciones que venden, a más de 200 CUP, la botella pequeña de refresco —casi extintos también— de un líquido parduzco elaborado a base de coco. En igual sentido se recomienda usar hojas de guayaba, ceniza de madera o jabón de azufre.

En sitios como Revolico aún puede conseguirse permetrina en crema y loción —nacional e importada— solo que para ello al afectado también le picará el bolsillo, pues deberá pagar una suma que oscila entre los 600 y los 1000 CUP por tubo o frasco. Ese medicamento comenzó a escasear desde enero de 2020, por «No disponibilidad de materias primas, producto terminado y materiales», en cuatro provincias. Ya para marzo estaba desaparecido en quince, condición que mantiene. 

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«Por favor necesito alprazolam para mi mamá, sólo me guedan 5 pastillas y es lo único que le a kitado los ataques de pánico y empezó a dormir después de dos meses casi sin dormir por favor ayudenme. gracias» [sic.]

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Elaine Ramos tiene veintinueve años y padece de trastorno global del desarrollo. Además, está operada de un tumor en el cerebelo y es autista. Vive en Colón, Matanzas, con su madre, Yamilet Torres, dedicada por entero a cuidarla.

Desde diciembre, la muchacha, que pasa la mayor parte del tiempo sobre una cama, no tiene medicamentos. Su mamá no puede hacer la extensa cola de la farmacia para adquirir el clonazepam y la fenitoína —sustituibles por diazepam o nitrazepam—, todos prácticamente desaparecidos. Tampoco puede comprarlos a sobreprecio, dado que sobreviven con una pensión de 4460 CUP asignada por la Seguridad Social.

Por esa razón, Elaine duerme apenas dos o tres horas diarias. Vive en un estado de ansiedad permanente y las convulsiones se han vuelto peligrosamente frecuentes. Por si no fuera suficiente dolor, Yamilet tampoco logra conseguir el omeprazol y la cimetidina que necesita su hija para aminorar los malestares de una gastritis crónica.

Madres desesperadas

La ausencia actual de muchos fármacos de alta demanda puede rastrearse desde inicios del pasado año, e incluso antes. Por ejemplo, el clorodiazepóxido desapareció de cinco provincias en abril por la misma causa que la permetrina, para octubre casi no existía en los establecimientos del país.

De 37 farmacias contactadas recientemente para esta investigación, dicho medicamento —usado, entre otras cosas, para el tratamiento a corto plazo de la ansiedad y el insomnio—, solo estaba disponible en la de Media Luna, Granma; en unas se había agotado poco antes, como fue el caso de Nuevitas, Camagüey; y en la mayoría no entraba desde hacía mucho. Esta carencia ha disparado su valor, la tableta cuesta hoy en el mercado negro alrededor de 25 CUP.

Lo mismo ha sucedido con otros productos usados para el alivio de afecciones nerviosas. Por ejemplo, la amitriptilina, recetada para mejorar la depresión mayor y ayudar a la sedación, empezó a escasear en abril de 2020 y ha mantenido intermitencia en sus apariciones, así como insuficiencia en la cantidad. En muchas farmacias no entraba desde finales de 2020; en otras, como algunas de la provincia de Cienfuegos, se agotó hace alrededor de dos semanas; y había en la de Gibara, Holguín, y Media Luna, Granma. También intermitente se ha mostrado, desde febrero de 2020, el alprazolam un medicamento recomendado para el alivio a corto plazo de la ansiedad.

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«Buenas noches necesito con urgencia, cefalexina. la pago a lo q sea, es urgente, tengo a mi madre con humor en la nariz y en la cabeza. Gracias x leer». [sic.]

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Los antibióticos son de los grupos de medicamentos más afectados por la crisis. Muchos de estos fármacos reciben la clasificación de «vitales» y la Organización Mundial de la Salud (OMS) los cataloga como «esenciales».

Su desaparición se ha traducido en muchos casos —además de en infecciones descontroladas— en ingresos hospitalarios que, de existir los medicamentos en las farmacias, podrían haberse evitado. A causa de esta ausencia, en ocasiones los médicos «disparan con misiles cuando es posible resolver con balas», o sea, han tratado a pacientes con antibióticos avanzados como el cefepime, una cefalosporina de cuarta generación, cuando el problema era posible remediarlo con otro fármaco más débil y que, por tanto, contribuyera menos a la resistencia bacteriana.

La cosa que trina

Uno de los antibióticos más recetados en Cuba es la cefalexina de 500 mg, cuya falta comenzó a reportarse en siete provincias desde enero de 2020 a causa de la «no disponibilidad de materias primas». Se mantuvo desaparecida durante todo el año y aún hoy es extremadamente difícil de conseguir. Menos en Majibacoa, Las Tunas, donde se agotó hace un mes, en el resto de los establecimientos contactados no entraba desde hacía mucho.

El fármaco, de producción nacional, que se usa generalmente en las infecciones respiratorias, del tracto urinario, de la piel y tejidos blandos, otitis media y sinusitis, entre otras especificidades, tiene un valor en el mercado negro que ronda los 50 CUP la cápsula. Téngase en cuenta que para que el tratamiento sea efectivo, los médicos generalmente recetan como mínimo tres al día durante una semana, o sea, veintiún cápsulas, que equivalen a 1050 CUP.

Otro antibiótico de alta demanda es la penicilina rapilenta, importada de China. El bulbo se vende en el mercado negro aproximadamente a 100 CUP —un tratamiento medio necesita de catorce bulbos. El abastecimiento ha sido desde hace meses inestable y en pequeñas cantidades. De las farmacias contactadas, únicamente había en Gibara.

Lugar aparte merece el rosephin, único de los mencionados cuyo uso es estrictamente hospitalario, o sea, no se expende en farmacias. Es posible conseguirlo en diversos grupos de Facebook, WhatsApp o Telegram, donde el bulbo ronda los 400 CUP, por lo que un tratamiento normal costaría alrededor de 5 mil CUP, el salario de un mes completo o más para muchas personas. En no pocas ocasiones falta en los hospitales, por lo que los pacientes deben buscarlo fuera. La pregunta que se impone es, ¿cómo llega a las calles un medicamento controlado?

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«Por favor, si alguien pudiera ayudarme con Enalapril, hoy tomé el último y debo consumirlo diariamente, gracias» [sic.]

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Según el Anuario Estadístico de Salud, publicado en 2020 por el Minsap, las enfermedades del corazón causaron 26 736 muertes en 2019, lo que las ubica en primer lugar entre las principales causas de defunciones en Cuba en todas las edades. El tercer puesto, después de los tumores malignos, lo ocupan las enfermedades cerebrovasculares, con 10 008 decesos ese año.

Tales resultados evidencian la importancia cardinal de los antihipertensivos, de ahí que su falta genere gran alarma. El enalapril, uno de los más indicados, escasea desde hace años. En un texto publicado aquí en septiembre de 2019, la profesora Alina Bárbara López Hernández contaba que, cuando fue a comprar la asignación de este medicamento que tiene prescrito para su hipertensión, le informaron en la farmacia que solo le venderían la mitad de la dosis indicada por el médico en su tarjeta de adquisición de medicamentos controlados o tarjetón, como es más conocido.

El enalapril o cómo eternizar una coyuntura

En los reportes de medicamentos en falta de 2020, este fármaco figuró en la lista de desaparecidos en el mes de febrero, y se mantuvo así hasta la última publicación en octubre. La causa se mencionó anteriormente: «Rotura de Equipo Tecnológico». Desde mucho antes de eso, como señalara la profesora en su texto, ha estado entrando a las farmacias en cantidades de alrededor del 50% de su prescripción. En catorce de los establecimientos contactados existía el producto, que se vende a 7.55 CUP el frasco de 30 comprimidos, mientras que en sitios como Revolico puede alcanzar un precio de hasta 250 CUP.

Similar sucede con el atenolol, también intermitente desde el mes de enero de 2020 por la misma causa. Se encontraba en veinte de las farmacias, pero la disminución de su abastecimiento a la mitad ha hecho que, de 7.30 CUP, su valor ascienda en la calle a más de treinta y cuatro veces el precio oficial.

La crisis no solo se limita a estos grupos y fármacos mencionados, sino que desgraciadamente se extiende a otros usados también para tratar enfermedades crónicas no trasmisibles. Asimismo ocurre con insumos médicos imprescindibles. Por ejemplo, desaparecidos están los reactivos o tirillas de los glucómetros, de las que dependen para comprobar sus niveles de azúcar en sangre quienes viven con diabetes mellitus, enfermedad que tuvo en 2019 una incidencia de 66.7 por cada mil habitantes.

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«YO CAMBIO ARROZ X AMISTRIPTILINA» [sic.]

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Desde que un accidente cerebrovascular dejara prácticamente inútil la mitad derecha de su cuerpo, Maritza se dedica a lo que puede para sobrevivir. Descubrió que hacer colas en la farmacia para suministrar a una revendedora es para ella una salida. Su jefa, una especie de «capo» de los fármacos en esa zona de la ciudad, le paga algo por cada medicamento y además le facilita recetas para los que ella necesite.

Homeopatía de un anuncio

Sabe que la farmacia que le corresponde es abastecida cada lunes y comienza a vender los martes. Entonces, la mujer de sesenta y nueve años sale de su casa alrededor de las 4 de la tarde, arrastrando su pierna con la ayuda de una voluntad férrea, y acampa en los predios del establecimiento. Cuando llega, muchas veces ya están allí algunos de sus colegas; otras, es la primera. Lleva un pozuelo con comida, agua, un termito con café y algo para merendar. Pasar la noche con el estómago vacío no es cosa fácil.

Cuando abren por la mañana es decepcionante ver, tras el cordón que impide la entrada —desde que empezó la pandemia únicamente atienten a dos personas a la vez, el resto debe esperar fuera— cómo la dependiente mueve la cabeza en señal de negación a casi todas las recetas. Después, toma en sus manos unas pocas y, tras llenar el sinfín de documentos que provocan que la fila avance a la velocidad de un caracol, despacha dos pomitos y tres o cuatro cajitas.

Como quien tuvo una mala pesquería, con el rostro enrojecido y arrugado, Maritza se marcha decepcionada. Ni siquiera pudo comprar lo que necesita para tratarse.

Una situación casi extrema como esta ha provocado que familiares y pacientes generen mecanismos de abastecimiento que se han masificado e informatizado en tiempos pandémicos. Si bien los grupos de ventas en redes sociales como Facebook, WhatsApp o Telegram, y los sitios como Revolico, ya existían, el aislamiento físico los ha convertido en la primera estructura a la que recurren los necesitados.

Página principal del sitio de compra/ventas Revolico.

Allí confluyen otras figuras clásicas dentro del panorama del comercio de medicamentos, que han pasado a «montar sus puestos» en el ámbito digital. Los «coleros de farmacia», como Maritza y su jefa, que compran recetas médicas y manipulan tarjetas de control en alianza con algún galeno de moral distraída, han sacado gruesas tajadas de las carencias. También lo hacen los pocos que han salido del país o que han recibido paquetes del exterior con medicamentos a los que multiplican el precio de forma abusiva.

Continúan existiendo vías ilegales que permiten desviar fármacos controlados, como el rosephin o el clopidogrel, empleado para inhibir la formación de coágulos en pacientes con enfermedades del corazón y cerebrovasculares. Salen directamente de los hospitales y van a parar al mercado negro, donde los valoran de tal forma que reporten jugosas ganancias a los diferentes eslabones de la cadena de corrupción.

Pero no todo es lucro, también existen numerosos grupos en todas las provincias dedicados a donaciones e intercambio de medicamentos entre personas necesitadas. Según la descripción de uno de ellos, Medicamentos ayuda a La Habana, «lo más terrible que nos aqueja es la obtención de medicamentos para nuestras patologías y necesitamos ayudarnos para sobrevivir con calidad de vida».

Alternativas

El pasado 29 de abril, la Conferencia Cubana de Religiosas-os (CONCUR) de Camagüey, compuesta por dieciocho organizaciones católicas, hizo público un documento en el que, entre otras cosas, pedían a las autoridades:

«Realizar las gestiones pertinentes para que las medicinas, los insumos médicos, y demás enseres de la salud, estén disponibles para la población. Incluso, aceptar las ayudas humanitarias liberando contenedores parados en aduana y recibiendo otros que puedan arribar al país».

Medicamentos 3

Aun cuando existen entidades que realizan esa labor desde los grupos religiosos —como Caritas, perteneciente a la propia Iglesia Católica—, esta no es la única llamada de atención sobre el tema emanada de una institución de su tipo en los últimos tiempos. Otras iglesias también lo han hecho ante la imposibilidad de recibir donaciones de medicamentos e insumos médicos, más allá de los kilogramos que permite traer a cada viajero la Ley de Aduanas vigente en Cuba. Igualmente muchas han señalado la inexistencia de mecanismos que les permitan concertar esfuerzos con las autoridades del Ministerio de Salud Pública en este empeño.

Incluso, hace algunos días, la Oficina para Asuntos de Libertad Religiosa Internacional, perteneciente al Departamento de Estado de los Estados Unidos, publicó su Informe Anual sobre Libertad Religiosa Internacional 2020, y en el apartado dedicado a Cuba señalan: «ante la creciente escasez de alimentos y otros artículos esenciales, las autoridades aumentaron las restricciones a la capacidad de muchas organizaciones religiosas para recibir y distribuir asistencia humanitaria».

Este tipo de iniciativas no ha emergido únicamente de instituciones religiosas. Algunas convocatorias a donaciones tienen su origen en cubanos residentes en el extranjero que desean ayudar.

Es el caso de la escritora y profesora matancera Mabel Cuesta, residente en Houston, quien el pasado 27 de abril publicara en su perfil de Facebook un llamado a realizar aportes, tanto en dinero para adquirir medicamentos como en entrega de fármacos, con el fin de enviarlos a la Isla y distribuir aquí mediante una red de contactos.

https://www.facebook.com/701987493/posts/10160067296532494/?app=fbl

Solo veinticuatro horas más tarde anunciaba la recaudación de casi 3 mil USD e «infinitos kilos de medicinas». Para organizar la compra y envío de los paquetes se dirigieron, ella y su esposa, Neysi Romero, a Miami, donde un grupo de amigos esperaba para encauzar la iniciativa.

Finalmente, lograron obtener 5 mil USD y 300 libras de fármacos e insumos médicos. El costo del envío fue de 6.5 USD por cada libra y 150 CUP como impuesto para sacar los paquetes en la aduana en Cuba. La primera carga, que salió hace dos semanas, tiene como destinos La Habana, Matanzas, Cárdenas, Santa Clara, Santiago de Cuba, Holguín y Las Tunas.  

Sobre esta cadena solidaria señalaba Enrique Guzmán Karell, uno de los cubanos que apoyó la donación desde Miami: «Este es un gesto y una iniciativa 100% HUMANITARIA. No importa si el beneficiario final es militante del PCC, la UNPACU o anarquista o si el donante es trumpista, demócrata de cuello duro o revolucionario guevarista. Todos somos humanos, infinitamente más parecidos que diferentes».

Desde Madrid, y apenas iniciada la pandemia, la joven cubana que se identifica en Facebook como Leisam Rubio, nucleó a un grupo que tiene colaboradores en disimiles países y realiza envíos de medicamentos a la Isla por vías diversas. Ellos reciben pedidos desde Cuba de personas imposibilitadas de conseguir los fármacos, los adquieren mediante donaciones y los mandan con algún colaborador que cede gratuitamente parte de su equipaje, o con personas a quienes se les paga. No solamente proveen medicamentos, sino también insumos, como guantes quirúrgicos, mascarillas y vendas, solicitadas en ocasiones por cirujanos en la Isla.

Lo que empezó como la aspiración solidaria de ayudar a un grupo pequeño —la lista original tenía alrededor de cuarenta nombres—, se ha extendido, y los paquetes que llegan a Cuba tienen muchos destinatarios. Todos los días reciben ofrecimientos de colaboración de personas residentes en Chile, México, Miami e Italia, y de otros lugares de España, como Valladolid, Asturias, Barcelona, Canarias. Por ejemplo, la permetrina les ha llegado de México, donde su precio es menor.

https://www.facebook.com/100008889223874/posts/2614450738861208/?app=fbl

Sin embargo, las limitaciones que sufren entorpecen el proceso, lo encarecen y hacen muy lento. Leisam se pregunta por qué no existe una vía que les permita la colaboración con el Estado para hacer más fáciles, grandes y baratos los envíos. Si no han establecido comunicación con el Minsap es porque la experiencia ha sido negativa en otros momentos —durante el tornado que azotó varios municipios habaneros hace algunos años, no se supo el destino de un envío de medicamentos hecho desde Miami— y temen que las magras vías que actualmente poseen también dejen de existir.

Si por razones tanto externas como internas —las cuales no parece que puedan resolverse a corto plazo—, el Ministerio de Salud Pública y su sistema de empresas farmacéuticas se muestran incapaces de resolver la demanda nacional de medicamentos, ¿por qué no crear mecanismos efectivos que permitan viabilizar y canalizar con equidad y eficiencia los buenos deseos de ayudar de cubanos y extranjeros?

El Estado debe trascender ese «Síndrome del perro del Hortelano» y crear los mecanismos que viabilicen estos procesos, pues hacerlo no solo es práctico para aliviar uno de los tantísimos problemas que agobian la cotidianidad de sus ciudadanos, sino que es moralmente correcto.

Que el bloqueo impuesto por estructuras burocráticas improductivas e insensibles no sea la razón por la que la rigidez deje inerte el cuerpo de Octavio, o la joven Elaine se estremezca en convulsiones descontroladas ante los ojos impotentes de su madre, o Maritza deba arrastrar cada semana su cuerpo maltrecho hasta el portal de una farmacia para pernoctar allí, o su jefa especule con las carencias de esta crisis sempiterna y ya humanitaria. 

AUTOR

José Manuel González Rubines, Author at Progreso Semanal
JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ RUBINES. Investigador de temas Históricos y Profesor, ademas de un periodista cubano muy referenciado en las redes sociales. Sus articulos aparecen en diferentes plataformas digitales de la isla que abarcan desde Palabra Nueva (perteneciente a la Iglesia Catolica) hasta en el diario oficial Juventud Rebelde.

Fuente: https://jovencuba.com

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