Escenario político al límite

Por Ivette García González

¿Cómo escribir poesía, novela o ensayo en estos días? El extremismo político que prevalece en Cuba y parte de su diáspora, imponen denunciar e insistir en la urgencia de un diálogo nacional inclusivo, basado en el respeto al pluralismo político.

La crisis cubana escala niveles alarmantes. Es sistémica, estructural y de gobernabilidad. A la de larga data se sumaron, en fatal combinación, la pandemia, las sanciones trumpistas y las desesperanzas del VIII Congreso del PCC. La fugaz encuesta de Cubadebate sobre el Ordenamiento y los sucesos de los últimos dos meses son evidencias notorias.

Hace un tiempo escribí sobre las formas y peligros de la violencia en Cuba. Hoy la sociedad está más polarizada. El extremismo político —que supone la violación de procedimientos legales para obtener fines políticos y la aceptación de medidas de fuerza que implican la justificación, implícita o explícita, del uso de la violencia— eclosiona en expresiones diversas y de alto riesgo.

Algunas causas del fenómeno son antiguas. Sin embargo, la naturaleza y componentes que exhibe hoy derivan del modelo cubano de matriz estalinista y la hostilidad de los EEUU. Con la emigración, ese radicalismo incorporado a la psicología social se reproduce en parte de la diáspora.  

El más amplio segmento, sin embargo, es el desinformado, frustrado, indiferente, apático políticamente, víctima de discursos manipuladores, o con miedo. Este último —sensación angustiosa provocada por la presencia de un peligro real o imaginario— es un sentimiento negativo, inoculado en sus variantes «real», «social» y «a la incertidumbre».

Los sucesos recientes

El extremismo político contemporáneo en Cuba tiene un origen institucional y es peligroso. Parte del control absoluto de todo el aparato estatal por una minoría y de los ciudadanos en su singularidad.

La respuesta gubernamental a todo disenso ha sido represiva. Reducción de banda/suspensión de internet, manipulación de información, secuestros selectivos, detenciones arbitrarias, reclusiones domiciliarias impuestas, encarcelamientos, amenazas, acoso policial y criminalización mediática, son algunas manifestaciones concretas.   

Socialismo sí, represión no

El Partido/Gobierno/Estado sigue encarando los fenómenos y no las causas. En la propaganda —cuando se impone el conocimiento público— presenta los conflictos como expresiones individuales, marginales, sectoriales y de mercenarismo. Sin embargo, los sectores y barrios marginalizados/vulnerables crecen. Se profundizan la pobreza, desigualdad, exclusión y malestar social. Sobran demandas insatisfechas dentro y fuera de esos contextos y el activismo político crece.

Al optar por la represión en lugar de mediar y negociar conflictos derivados del emplazamiento de sus ciudadanos, el gobierno demuestra falta de inteligencia política y capacidad para lidiar con las crisis. Exhibe intolerancia, desapego a la ley e impunidad de las fuerzas represivas, a lo cual se suma el matiz racista siempre presente en nuestras problemáticas.

La ley existe para dirimir conflictos, pero en Cuba los ciudadanos carecen de garantías, y esto complica cualquier diferendo. El extremismo político y la violencia estatales impactan en la vida de ciudadanos, familias y en toda la sociedad.

El tratamiento y las prácticas oficiales a las protestas, propician que muchos olviden, o incluso desconozcan, las causas que las originan. Pero ellas permanecen ahí, por tanto, se repite un ciclo de resistencia-represión-resistencia.  

En Cuba sobran los casos. Entre los más recientes están el de Luis Robles en San Rafael, Luis Manuel Otero Alcántara en San Isidro y las respectivas reacciones solidarias con ellos. Las demandas de Otero Alcántara, por ejemplo, respondieron a acciones represivas probadas, eran justas y negociables: cese del cerco policial, fin de la represión contra la libertad de creación y devolución, o indemnización, de sus obras sustraídas.  

El joven Luis Robles se manifestó en el habanero bouevard de San Rafael con un cartel contra la represión y a favor de la liberación del rapero Denis Solís. (Imagen: NewGenerationNews)

Las raíces son las mismas y las formas de resistencia también: pacíficas. Y no es problema simple, sin consecuencias, porque «Privar a las personas de sus derechos humanos es poner en tela de juicio su propia humanidad», como expresó Nelson MandelaSon pocos los que hacen visibles la protesta; pero las causas se mantienen y sus demandas son las de muchos. 

Objetividad e imparcialidad, pero siempre del lado de las víctimas

De nada sirve negar la realidad o cerrar los ojos. En Cuba hay una crisis de gobernabilidad. Hay otras visiones de la sociedad, incluso del socialismo, tan legítimas como diferentes a la que defiende el gobierno. Son contradicciones lógicas, pero sin un ambiente democrático no pueden dirimirse normalmente.  

El Estado tiene en sus manos recursos, competencias, responsabilidades y atribuciones como regulador de la sociedad con apego a la Constitución. Le corresponde solucionar conflictos de todo tipo, y apelar a la represión es síntoma de incompetencia y disfuncionalidad.

Sorprende la frecuencia con que se minimiza la violencia en Cuba al compararla con experiencias foráneas. ¿Es necesario que haya más víctimas del abuso de poder?, ¿que veamos muertos?

8vo Congreso del PCC: notas de un Diario

Según la ONU, víctimas del abuso de poder son «las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que (…) violen normas internacionalmente reconocidas relativas a los derechos humanos». Miremos a Cuba por dentro y constatemos cuántas víctimas existen, la mayoría incluso no hace activismo político.

Para evitar el extremismo hay que apegarse a la institucionalidad y la Constitución y eliminar toda brecha que fomente el odio. Urge fortalecer la sociedad civil, articular consensos y encarar un diálogo nacional estructurado, responsable e inclusivo. Es cuestión de voluntad política y el primer paso es detener la represión.  

A los verdaderos humanistas y patriotas, el sentido de la justicia convoca al análisis objetivo y a estar siempre del lado de las víctimas. Como decía Martin Luther King: «La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes».

Para contactar con la autora: [email protected]

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